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COWBOY (Cowboy)

(USA) Columbia/Phoenix, 1957. 92 min. Color.

Pr: Julian Blaustein. G: Edmund H. North y Dalton Trumbo (originalmente sin acreditar), basado en el libro "My Reminiscen­ces As a Cowboy" de Frank Harris. Ft: Charles Lawton Jr. Mt: William A. Lyon y Al Clark. DA: Cary Odell. Ms: George Duning. Títulos: Saul Bass. Dr: Delmer Daves.

Int: Glenn Ford, Jack Lemmon, Anna Kashfi, Brian Donlevy, Dick York, Richard Jaeckel, Victor Manuel Mendoza, King Donovan, James Westerfield, Vaugh Taylor, Strother Martin, Donald Randolph, Eugene Iglesias, Frank de Kova, William Leslie.










SINOPSIS:
En 1872, un empleado de hotel en Chicago, intenta convertirse en un bregado vaquero por amor a una dama, pero la vida extremadamente dura que ha de llevar como conductor de ganado y sus continuos enfrentamientos con el insensibilizado y taxativo patrón, le harán desilusionarse.









Un transfigurado Frank Harris (Jack Lemmon) ha regresado al hotel donde trabajó como conserje, pero ahora convertido en un experto y curtido negociante de ganado. La imagen le muestra disparando desde la bañera a una cucaracha en la pared, emulando a su socio Tom Reese (Glenn Ford).

COMENTARIO:
En aquellos momentos, cuando se estrenó en los primeros meses de 1958, fue un western inusual al estar concebido en buena medida casi como un “documental” sin concesiones sobre el lado menos épico de la áspera cotidianidad laboral de los vaqueros (tal vez RIO ROJO de Howard Hawks, en algunos puntos, pudiéramos considerarlo un antecedente). En este sentido, el tono narrativo que adopta la película, cortante y enérgico, deviene como desasosegante crónica de un mutuo proceso de aprendizaje al término del cual se han invertido los roles de dos hombres en principio antagónicos, el endurecido Tom (Glenn Ford) y el ingenuo Frank (Jack Lemmon). Ese itinerario tanto geográfico como moral contiene momentos de gran fuerza tan duros e impresionantes como el episodio de la trágica broma con la serpiente, o la elipsis narrativa del suicidio del viejo pistolero que incorpora Brian Donlevy. Pasajes que vienen entrelazados con otros en que se nos muestra cómo el idealismo de Frank, rechazado por el clasista padre de la damita mexicana de la que está enamorado, choca frontalmente con una realidad árida y prosaica que desmonta la arquitectura de su idealismo tornando gradualmente sus aspiraciones en ácida decepción (“No te has endurecido, te has vuelto miserable”, le dice Tom hacia el final de la película).

Cuando Delmer Daves, contratado por la Columbia, afrontó el rodaje de COWBOY cerraba así una soberbia y formalmente muy diferenciada trilogía protagonizada por el actor Glenn Ford cuyos dos títulos anteriores fueron JUBAL, una sensual y sorprendente trasposición del “Otelo” de Shakespeare al marco del Oeste, y EL TREN DE LAS 3:10 (comentado en este blog en marzo del pasado año), sin duda el mejor western de este director en opinión del que suscribe, del que James Mangold realizó en 2007 un ambicioso remake que apostó por ampliar algunos de los temas solo apuntados en el original, pero que únicamente lograba dejar claro lo difícil que resulta hoy sustraerse a las influencias de Peckinpah y Leone a la hora de plantearse rodar un western (que se lo digan a Clint Eastwood). 

 EL TREN DE LAS 3:10 (3:10 To Yuma)

(USA) Columbia, 1957. 92 min. BN. MegaScope.

Pr: David Heilwell. G: Halsted Welles, basado en una historia de Elmore Leonard. Ft: Charles Lawton Jr. Mt: Al Clark. DA: Frank Hotaling. Vest: Jean Louis. Ms: George Duning. Can: Ned Washington y George Duning (cantada por Frankie Laine).  Dr: Delmer Daves.

Int: Glenn Ford, Van Heflin, Felicia Farr, Leora Dana, Henry Jones, Richard Jaeckel, Robert Emhardt, Sheridan Comerate, George Mitchell, Robert Ellenstein, Ford Rainey, Dorothy Adams, Richard Devon, Joe Haworth.











SINOPSIS:
Un granjero con acuciantes problemas económicos, circunstancialmente tiene que asumir las funciones de sheriff y custodiar a un peligroso salteador detenido hasta la llegada del tren que le llevará a la prisión de Yuma. Tendrá que hacerlo sin ayuda de nadie y  bajo la amenazante presencia de los compinches del forajido que tratarán de impedírselo.










Tras la tensa situación creada en la estación por la llegada del tren y el replanteamiento moral de Ben Wade (Glenn Ford), llega la vivificadora lluvia y vemos en plano cenital a la esperanzada esposa (Leora Dana) de Dan Evans (Van Heflin) despedir el convoy mientras suena la evocadora balada cantada por Frankie Lane.

COMENTARIO:
Deseo introducir con brevedad telegráfica unos pequeños datos que nos ayuden a situar EL TREN DE LAS 3:10 en su justo contexto y así, una vez reunidos los elementos de juicio necesarios, poder efectuar un acercamiento más certero a este western excepcional.

Los integrantes de la nueva crítica cinematográfica surgida fundamentalmente en Francia en la primera mitad de los años cincuenta del pasado siglo con “Cahiers du Cinéma” a la cabeza y su repercusión en España que propiciaría la aparición en 1957 de la revista “Film Ideal”, fueron abriendo paulatinamente el encuadre centrado hasta entonces en Ford y Hawks, y comenzaron a prestar atención a los westerns de quienes, lejos de Monument Valley, cabalgaban por otras rutas abriendo nuevas opciones para el género. Eran los representantes de una nueva generación de realizadores que trataban de despegarse del adocenado  pelotón que integraban los Lesley Selander, Ray Enright, Joe Kane, Edwin L. Marin y muchos otros que habían conducido este género hasta el corral de la más anodina serie B. 

Sin duda, los más favorecidos con esta ampliación de foco (a finales de los cincuenta) fueron Anthony Mann y Budd Boetticher, consiguiendo que volviéramos sobre ellos y reparáramos en aspectos que habían pasado desapercibidos ante nuestros condicionados ojos y que, sin embargo, venían a colocarlos en la cumbre del género (que algunos consideran más que eso, elevándolo a la categoría de épica) en virtud de su inteligente planteamiento, vigorosa narrativa, sabia utilización dramática del paisaje y una enorme riqueza y complejidad de personajes y situaciones. Y todo ello, sin alterar -solo en apariencia- las estructuras clásicas que lo definían.

Sin embargo, aquel reconocimiento no llegó a alcanzar -entonces- a realizadores como Gordon Douglas y Delmer Daves que seguirían durante algunos años camuflados entre el polvo de la manada. Y ello, en el caso de Daves, a pesar de haber adquirido cierto prestigio con su western pro indio FLECHA ROTA (1950). A éste le siguió, RETURN OF THE TEXAN, de menor interés, rodado dos años después y que serviría de eslabón con su brillante septeto westerniano llevado a cabo entre 1954 y 1959. La serie fue iniciada con DRUM BEAT (1954), seguida por JUBAL (1956), LA LEY DEL TALIÓN (The Last Wagon, 1956), EL TREN DE LAS 3:10 (3:10 to Yuma, 1957), COWBOY (1958), ARIZONA PRISIÓN FEDERAL (The Badlanders, 1958) y EL ÁRBOL DEL AHORCADO (1959). 

Centrándonos ahora en EL TREN DE LAS 3:10, que un servidor considera su mejor trabajo, decir que estamos ante un tenso western de características especialmente negras (es muy significativo que fuera rodado en blanco y negro, a diferencia del resto) que si bien utiliza un esquema próximo al de SOLO ANTE EL PELIGRO, supera netamente al film de Fred Zinnemann, alcanzando cotas memorables de dureza, intensidad y emoción donde el otro desplegaba artificio y pretensión. En su desarrollo, el espectador pronto se percata de que ha sido llevado fuera de los “seguros cauces” que le hubieran permitido circular por la película con esa tranquilidad que proporcionan las carreteras señalizadas. Me explico: uno de los dos protagonistas es un atribulado pater familia (excelente Van Heflin en un rol parecido al que incorporó en RAÍCES PROFUNDAS) sin vocación de héroe pero que se ve empujado a ejercer como tal por pura desesperación económica. El otro es el jefe de una banda de forajidos (destaquemos que lo interpreta Glenn Ford, un actor de aspecto amigable que por una vez encarna al "malo", jugada que contribuye a romper los esquemas del espectador) capaz, en un momento dado, de actuar de manera brutal sacrificando a sangre fría a un pobre borrachín que acaba de encontrar la dignidad permitiendo que sus hombres lo cuelguen sin piedad de una viga a la vista de todos. Por otro lado, la “chica” de la película (excepcional Felicia Farr) es un personaje de tránsito, una desencantada cantinera que padece de tuberculosis y que ya solo aspira a un compasivo coito.

Con estos inusuales mimbres hábilmente manejados y entrelazados va construyéndose la película que se carga, por momentos, de una ambigüedad que nos impide agarrarnos a estereotipos al jugar con situaciones que inevitablemente desembocan en esa toma de conciencia de Ben Wade (Ford) respecto a su forzado guardián (Heflin) a modo de un curioso “síndrome de Estocolmo” a la inversa que se cierra con un memorable final. 

No deseo concluir este texto sin hacer mención al soberbio trabajo de George Duning que demostraba una vez más su maestría con una inspirada y delicada partitura que alcanza su máxima expresión en la balada cantada por el entonces imprescindible Frankie Laine.

Nota: el ambicioso remake que realizó James Mangold en 2006, apostó por ampliar algunos de los temas solo apuntados en el original. No obstante, su visionado dejaba claro que hoy es difícil plantearse un western sin acusar influencias de Peckinpah y Leone (que se lo digan a Clint Eastwood). Pese a cierta dosis de elegancia en la planificación y claridad y contundencia en las escenas de acción, todo lo que nos ofrecía la versión de Mangold ya estaba sabiamente sintetizado en el original de Daves.

EL ÁRBOL DEL AHORCADO (The Hanging Tree)

(USA) Warner Bros / Baroda, 1958. 106 min. Color.

Pr: Martin Jurow y Richard Shepherd. G: Wendell Mayes y Halstead Welles, basado en la novela de Dorothy M. Johnson. Ft: Ted McCord. Mt: Owen Marks. DA: Daniel B. Cathcart. Vest: Marjorie Best. Ms: Max Steiner. Can: Jay Livingston y Jay Evans, cantada por Marty Robbins. Dr: Delmer Daves.

Int: Gary Cooper, Maria Schell, Karl Malden, Ben Piazza, George C. Scott, Karl Swenson, Virginia Gregg, John Dierkes, King Donovan, Guy Wilkerson, William Benedict.











SINOPSIS:
Un doctor que arrastra un oscuro pasado en el que fue acusado de haber dado muerte a su infiel esposa y a su amante, llega hasta un campamento minero de Montana y se instala allí. Tras hacerse cargo de una mujer que ha perdido la visión temporalmente al despeñarse la carreta en que viajaba, el hosco y en ocasiones contradictorio proceder de este hombre le llevará a verse envuelto en dramáticos acontecimientos.











COMENTARIO:
Estamos ante un western de extraña belleza, abrupto y sombrío. Última muestra de la energía y el talento desplegados por Delmer Daves en un género donde consiguió sus mejores obras (JUBAL, EL TREN DE LAS 3:10, COWBOY, LA LEY DEL TALIÓN) y que de manera inexplicable abandonaría tras el rodaje de EL ÁRBOL DEL AHORCADO para entregarse, en el tramo final de su carrera, a la confección de fofos melodramas románticos.

En EL ÁRBOL DEL AHORCADO, aún más que en el resto de los westerns de Daves, la función del paisaje cobra una importancia capital. Cielos cargados de nubes, cumbres nevadas recortándose en el horizonte, árboles erguidos y verdes, árboles muertos y retorcidos, raíces, piedras, agua, caminos y barrancos poniendo marco a los afanes de unos hombres, esos buscadores de oro, en primitiva comunión con una orografía quebrada y hostil que los moldea y coloca en un plano diferente. A este respecto, la cabaña del poco comunicativo doctor está situada en un brusco desnivel que le “separa” y eleva del resto de los integrantes de la comunidad minera; cuando baja al poblado su comportamiento cambia y su intransigente hieratismo cede a estallidos de letal visceralidad apenas reprimida. El lado oscuro de "Doc" Frail –en cierta medida, un antihéroe– emerge con inusitada furia en el momento en que alguien alude a su pasado u osa intentar apropiarse de lo que él ya considera de su propiedad, la muchacha a la que cura y cuida.

Como dato a tener en cuenta, no sabemos en qué medida el resultado final de esta película fue alterado por una enfermedad del director que le mantuvo apartado del rodaje durante cuatro semanas. En ese lapso de tiempo fue sustituido por Karl Malden del que aprovecharon su experiencia por haber dirigido el año anterior TIME LIMIT (Labios sellados), un drama militar sobre el forzado colaboracionismo de un oficial americano apresado por las fuerzas comunistas en la guerra de Corea. No obstante, al parecer se limitó a seguir disciplinadamente las notas y directrices que Daves le iba suministrando desde el hospital. 

Gary Cooper, con su espléndido trabajo, dota de una enigmática dimensión a Frail, ese enlutado personaje contradictorio y torturado que viene escapando de su pasado sobre el que pesa un episodio terrible y que directamente le emparenta con el Link Jones de HOMBRE DEL OESTE, el anterior western de Cooper rodado a las órdenes de Anthony Mann, director con el que Daves puede ser justamente equiparado. Maria Schell, en su efímera etapa hollywoodense tuvo, no obstante, la fortuna de trabajar también a las órdenes de Anthony Mann (CIMARRON) y Richard Brooks (LOS HERMANOS KARAMAZOV), y aquí compone su personaje, esa voluntariosa pero vulnerable Elizabeth, desde el eficaz manejo de sus patentados tics (sonrisa dispuesta y ojos a punto de lágrima). Karl Malden encarna con su habitual vehemencia a un codicioso, mezquino y lúbrico minero llamado Frenchy y lo hace bordeando la caricatura, remarcando así el lado infantiloide del personaje. Por eso, en ciertos momentos llega a perecernos inmisericorde el trato que le infiere Frail y a la vez muy revelador de la carga de violencia interior que alberga este sombrío doctor, individuo que solo in extremis encontrará aparente redención en la generosidad y entrega de una mujer, Elizabeth, que suponemos ocupará el lugar de aquella de la que únicamente sabemos por referencia que murió a manos de Frail cuando éste la sorprendió junto a su amante.   

No podíamos irnos sin mencionar la balada del título (en la voz de Marty Robbins) que abre y cierra la película, un clásico inmarchitable debido al prolífico tándem Mack David y Jerry Livingston y que sin duda contribuyó a envolver en un halo mítico las imágenes de este western

EL TERROR DE LAS CHICAS (The Ladies Man) (USA) Paramount / York Pictures, 1961. 106 min. Color. G: Jerry Lewis y Bill Richmond. Ft: W. Wa...

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