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EL HALCÓN MALTÉS (The Maltese Falcon)

(USA) Warner Bros., 1941. 101 min. BN.

Pr: Henry Blanke. G: John Huston, basado en la novela de Dashiell Hammett. Ft: Arthur Edeson. Mt: Thomas Richards. DA: Robert Haas. Vest: Orry-Kelly. Ms: Adolph Deutsch. Dr: John Huston.

Int: Humphrey Bogart, Mary Astor, Sidney Greenstreet, Peter Lorre, Elisha Cook Jr., Barton MacLane, Lee Patrick, Gladys George, Ward Bond, Jerome Cowan, Walter Huston (cameo), James Burke, Murray Alper, John Hamilton.










SINOPSIS:
Sam Spade, detective privado, recibe la visita de una bella dama con un encargo aparentemente sencillo. Pero cuando el socio de Sam muere asesinado, las cosas irán complicándose para nuestro hombre que se verá envuelto en una intriga por la posesión de una valiosa estatuilla del siglo XVI que representa un halcón.









El desencantado detective Sam Spade (Humphrey Bogart) sostiene entre sus manos ese codiciado halcón mientras lo contempla con un rictus de amargura dibujado en su rostro.

COMENTARIO:
En su primer film, John Huston en apariencia se limitó a adaptar fielmente la mítica novela negra de Dashiell Hammett. Fidelidad que, sin embargo, fue más allá de lo meramente argumental para conseguir atrapar el estilo y el espíritu que animaba las páginas de Hammett en un ajustado y brillantísimo trabajo de trasposición donde todos los elementos funcionaron a la perfección. Forma, método, ritmo, atmósfera y un magnífico reparto (ahora ya legendario) que nos atrapa en sus personajes (¡qué matizado dibujo de esos personajes!) cada vez que se mueven, se desplazan en el plano y dialogan.

Para la Historia han quedado muchos momentos de esta seminal película “negra”, pero quedémonos, entre otros, con la memorable secuencia final y ese breve diálogo que la cierra (con referencia shakespeariana) entre Sam Spade y el policía Polhaus sosteniendo la codiciada estatuilla del halcón: “Pesa mucho, ¿de qué está hecho? —Del material con el que se forjan los sueños”. Esto era el cine que ahora llamamos clásico.

Notas: Anteriormente la novela de Hammett había sido llevada a la pantalla en los films DANGEROUS FEMALE (Roy Del Ruth, 1931) y SATAN MET A LADY (William Dieterle, 1931). En principio el elegido por la Warner para dirigir esta tercera versión fue el casi debutante Jean Negulesco y durante dos meses trabajó en la preparación antes de ser finalmente sustiuido por Huston a instancias del productor Henry Blanke.

En 1975 se rodó una agradable cinta dirigida por David Giler en la que el protagonista es el hijo de Sam Spade (George Segal), concebida como un facsímil con suaves toques de parodia de aquellos noir que jalonaron los años cuarenta. De hecho, se presentó como una tardía secuela de EL HALCÓN MALTÉS con el detalle nostálgico añadido de utilizar a dos de los intérpretes supervivientes de su antecesora, Lee Patrick y Elisha Cook, incorporando los mismos roles de aquella. 

MOBY DICK

(GB-USA) Warner Bros. / Moulin Pictures, 1956. 116 min. Color.

Pr: John Huston, Lehman Katz y Jack Clayton. G: Ray Bradbury y John Huston, basado en la novela de Herman Melville. Ft: Oswald Morris y Freddie Francis (2ª Unidad). Mt: Russell Lloyd. DP: Ralph Brinton y Stephen Grimes. EE: Gus Lohman. Vest: Elizabeth Haffenden. Ms: Philip Sainton. Dr: John Huston.

Int: Gregory Peck, Richard Basehart, Leo Genn, Orson Welles, Harry Andrews, James Robertson Justice, Bernard Miles, Friedrich Ledebur, Edric Connor, Mervyn Johns, Joseph Tomelty, Royal Dano, Seamus Kelly, Francis de Wolf, Tamba Allenby, Tom Clegg.











SINOPSIS:
En el año 1814, un joven marino llamado Ismael llega a New Bedford, corazón de la industria ballenera de Nueva Inglaterra y se embarca en el Pequod, barco ballenero cuyo capitán, Ahab, está obsesionado con dar caza a una gran ballena blanca conocida como Moby Dick, que en el pasado le arrancó una pierna.










La gran ballena blanca, con el cadáver de Ahab trabado entre las cuerdas de los arpones, se dirige ahora contra el "Pequod" para culminar su destructora reacción.

COMENTARIO:
La filmografía de John Huston es en apariencia tan zigzagueante que a poco que nos despistemos acabamos divagando cuando tratamos de establecer una hilazón entre un título y el siguiente. En cualquier caso, estamos ante el que fue un narrador apasionante que a lo largo de su carrera fue evolucionando sin dejar de ser él mismo. Un tío al que le gustaba la aventura, la búsqueda, es decir, vivía y bebía la vida del mismo modo que el whisky, paladeándola y engulléndola; creo que (al contrario que Truffaut) la anteponía al propio cine y es muy posible que quienes le conocieron, se lo pasaron mejor con él que viendo sus películas.

Especialmente interesado en los “perdedores”, dio forma con sus imágenes a los conflictos que genera la naturaleza humana a través de las historias que nos contó y de los hombres y mujeres que las protagonizaron, criaturas que venían a darnos una nueva concepción del héroe cinematográfico. En ocasiones, como una paradoja, a través de esas derrotas el héroe hustoniano si no obtenía lo que le había empujado a la aventura y por lo que había luchado, sí conseguía afianzar su propia identidad, que posiblemente fuera, a la postre, lo único que de manera inconsciente andaba buscando. Esto queda especialmente claro en las películas que rodó con Humphrey Bogart. Pero centrémonos en el título que ahora nos ocupa y analicemos brevemente MOBY DICK.

Adaptar al cine la novela de Herman Melville fue un viejo proyecto de John Huston que ya quiso rodar a mediados de los años cuarenta con su padre Walter de protagonista. Una década después pudo finalmente afrontar su rodaje, eso sí, con el condicionamiento de la presencia de una estrella en el reparto. En cualquier caso, la arriesgada elección de Gregory Peck para incorporar al capitán Ahab se vió recompensada con una esforzada pero excelente composición del actor. El guión de Ray Bradbury, en el que también intervino el propio Huston, fue una encomiable condensación (que no simplificación) del libro de Melville al que, no obstante, en su paso a la pantalla se le “voltearon” las connotaciones religiosas, obteniéndose así un enfoque más bien ateo (y blasfemo para algunos) del desafian­te enfrentamiento del mortal Ahab con la deidad-ballena blanca.

Un film apasionante de acción y aventuras, de poderosas imágenes, en el que el director, como era su tendencia, quiso experimentar con el color (ya lo había intentado con MOULIN ROUGE y vol­vería a hacerlo de manera aún más radical en REFLEJOS EN UN OJO DORADO), empeño en el que, por miedo a que los resultados fueran rechazados por el público, siempre fue traicionado por productoras y laboratorios.

VIDAS REBELDES (The Misfits)

(USA) United Artists / Seven Arts / Samuel Goldwyn Company / Polyphony, 1960. 124 min. BN.

Pr: Frank E. Taylor y (sin acreditar) John Huston. G: Arthur Miller. Ft: Russell Metty. Mt: George Tomasini. DA: William Newberry, Stephen Grimes y Frank McKlevy. Vest: Jean Louis y Dorothy Jeakins. Ms: Alex North. Dr: John Huston.

Int: Clark Gable, Marilyn Monroe, Montgomery Clift, Thelma Ritter, Eli Wallach, James Barton, Estelle Winwood, Kevin McCarthy.












SINOPSIS:
Una mujer que se encuentra en Reno para formalizar su divorcio, conoce a un maduro vaquero, individualista e inadaptado, que la invita a pasar unos días en su rancho al borde del desierto de Nevada donde él, acompañado por dos amigos, malgasta su errática vida cazando caballos salvajes por encargo de una empresa que comercializa su carne como alimento para perros. La convivencia de estos cuatro personajes en tan árido y apartado lugar hará estallar la dramática realidad de unas vidas fracasadas.









Trabajar con Gable representó para Marilyn un sueño que arrastraba desde niña cuando veía sus películas en los cines de sesión continua, identificándolo con la figura del padre que nunca conoció.

COMENTARIO:
Las dolorosas circunstancias que rodearon la gestación de esta película, haciendo víctimas a todos los miembros del equipo, sin duda condicionaron el resultado final. El delicado momento por el que pasaba Marilyn Monroe en aquellos días (un reciente y dramático aborto, su matrimonio con Arthur Miller derrumbándose), hacía que chapoteara con desesperación en un mar de neurosis y depresiones que la llevaron finalmente a ser ingresada en una clínica tras un enfermizo y desesperante comportamiento durante todo el rodaje. Clark Gable con la salud quebrantada moría de un ataque al corazón apenas finalizada su intervención en el film y John Huston conseguía en virtud de los avatares que jalonaron y modificaron las formas y contenidos de la película (Arthur Miller reescribía los diálogos sobre la marcha para adaptarlos a la realidad de quienes los interpretaban), una obra sincera y estremecedora, desesperada y patética. Marilyn nunca estuvo mejor como actriz "interpretando" a esa Roslyn sensitiva, inerme y desamparada. Igualmente, Gable y Clift incorpo­raron con noqueante fuerza dramática a esos cowboys-dinosaurios que se aferran a un estilo de vida que está en trance de desaparecer (–¡cualquier cosa es mejor que un empleo a sueldo! –grita uno de ellos).

En suma, empleando un símil teatral, estamos ante una de esas grandes representaciones terminales en que los dramáticos estertores que sacudían a los componentes del equipo entre bastidores tenían su reflejo en el escenario, contaminando la obra, modificando su forma y dotándola de una dimensión bigger than life. Lo cierto es que cada vez que reviso esta película, lo paso fatal. 

EL TERROR DE LAS CHICAS (The Ladies Man) (USA) Paramount / York Pictures, 1961. 106 min. Color. G: Jerry Lewis y Bill Richmond. Ft: W. Wa...

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