ME SIENTO REJUVENECER (Monkey Business)

(USA) T. Century-Fox, 1952. 97 min. BN.

Pr: Sol C. Siegel. G: Ben Hecht, Charles Lederer, I.A.L. Diamond y Howard Hawks (sin acreditar), basado en una historia de Harry Segall. Ft: Milton Krasner. Mt: William B. Murphy. DA: Lyle R. Wheeler y George Patrick. Vest: William Travilla y Charles Le Maire. Ms: Leigh Harline. Dr: Howard Hawks.

Int: Cary Grant, Ginger Rogers, Charles Coburn, Marilyn Monroe, Hugh Marlowe, Henri Letondal, Larry Keating, Douglas Spencer, Robert Cornthwaite, George Winslow, Esther Dale, Olive Carey, Harry Carey Jr., Kathleen Freeman, Dabbs Greer.










SINOPSIS:
En un laboratorio donde un grupo de científicos tratan de hallar la fórmula para un producto que alivie los achaques de la edad, un chimpancé escapado de su jaula mezcla sin ser visto los contenidos de diversas probetas e inopinadamente da con las proporciones exactas de un elixir que produce en quien lo ingiere los síntomas de haber regresado física y mentalmente a la adolescencia. Cuando el mono vierte su "fórmula" en el depósito del agua potable, el caos está asegurado.









Tras el energético y liberador viaje a una irreverente libertad provocado por una química accidental, la anodina y achacosa calma vuelve a imponerse:  Barnaby y Edwina, una pareja estable en la que ella se amolda al acotado mundo de su miope y ensimismado marido. 

COMENTARIO:
Puede resultar algo arriesgada la afirmación, pero insisto en ella: las comedias más perfectas, reflexivas y modernas, también las más iconoclastas y divertidas de la Historia del cine serían a buen seguro las que rodó Howard Hawks con Cary Grant y Marilyn Monroe (juntos y por separado). Sin duda, la que ahora nos ocupa constituye un excelente ejemplo. Nunca el talento del autor de LA FIERA DE MI NIÑA corrió tan retozona y libremente como a partir del momento en que el profesor Barnaby Fulton (un travieso Grant en deliciosa connivencia con Ginger Rogers) bebe del agua "enriquecida" por el hallazgo accidental del simio. Situaciones descabelladas, personajes en flagrante ridículo y desopilantes humillaciones son la brillante superficie de esta genial comedia bajo la cual adivinamos, empero, un rastro de pesimismo: la imposible perse­cución de la juventud perdida. De hecho, tras el desquiciamiento y pérdida del control que provoca el ignorado “experimento” del mono en un grupo de humanos, esos sabios de laboratorio inmersos en su campo profesional y por tanto poco conectados con la realidad, Hawks acaba deslizando suavemente su postura inmisericorde respecto a los anhelos de la eterna juventud y viene a decirnos que lo único que poseemos es el tiempo presente y hay que apechugar con esa realidad. De ahí, ese poso de melancolía que nos deja la película cuando las carcajadas se atemperan y nos permiten respirar.

Creo que merece un comentario especial la hedonista (ahora se dice “disfrutona”) mirada de Hawks hacia el personaje de la secretaria Miss Lois por el mero hecho de estar interpretado por una jovencita Marilyn Monroe cuya exuberante carnalidad -de la que ella parece no ser consciente- hace brincar a los hombres que la contemplan poniéndolos al borde de la combustión espontánea. Descacharrante la exhibición de sus “acetatos” al abstraído y miope Barnaby. Era natural que nuestro talentoso director reincidiría con la mítica actriz de áureos cabellos en la demoledora, diría incluso aniquilante, comedia musical LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS. 

RÍO SIN RETORNO (River of No Return)

(USA) T. Century-Fox, 1954. 91 min. Color. CinemaScope.

Pr: Stanley Rubin. G: Frank Fenton, basado en una historia de Louis Lantz. Ft: Joseph La Shelle. Mt: Louis Loeffler. DA: Lyle R. Wheeler y Addison Hehr. Vest: William Travilla. Ms: Cyril J. Mockridge. Dr Ms: Lionel Newman. Can: Lionel Newman y Ken Darby. Cor: Jack Cole. Dr: Otto Preminger (y Jean Negulesco).

Int: Robert Mitchum, Marilyn Monroe, Rory Calhoun, Tommy Rettig, Murvyn Vye, Douglas Spencer, Arthur Shields, John Doucette, Don Beddoe, Barbara Nichols.











SINOPSIS:
En California, durante la fiebre del oro, un hombre viudo con un hijo de diez años trata de abrirse camino en su pequeña granja. Pero una atractiva cantante de saloon a la que han conocido ambos aparece por allí con su prometido, un jugador de ventaja que necesita viajar con urgencia hasta una ciudad donde quiere registrar la propiedad ganada de una mina. Este hombre le roba el caballo y abandona a la chica. Entonces nuestro honesto pero implacable viudo le persigue, acompañado de su hijo y la muchacha, en una balsa por un río lleno de rápidos que les conducirá –si sobreviven– hasta el lugar donde se dirigía el huido.









Una agradecida Marilyn declaró en cierta ocasión que de sus parejas en el cine, Mitchum fue el más amable y paciente con ella, ayudándola a sentirse más segura frente al trato despectivo que le infería Preminger durante el rodaje.

COMENTARIO:
Teniendo en cuenta su trayectoria anterior, ignoro en virtud de qué ofrecieron este guión a Otto Preminger (en realidad, la peripecia argumental sólo daba para media hora de película) y las razones por las que él aceptó rodarlo, también se me escapan. Probablemente el film, fresco, transparente, límpido, no tiene más objeto que el de proporcionar placer a nuestros ojos y en la belleza de cada plano está la justificación de ese placer. Esas cualidades unidas a la suma perspicacia con que todo está dispuesto y realizado, distingue a Preminger (que aquí no juzga a sus personajes sino que se dedica a estudiar las motivaciones de sus actos) de directores sin talento que fácilmente hubieran caído en esquematismos y discursitos explicativos.

Como imagino que a estas alturas casi todos han visto la película, resulta casi innecesario aclarar que se trata de un western fluvial rodado mayormente en impresionantes exteriores (aunque con la inclusión de algunas inevitables transparencias) espléndidamente recogidos por una cámara que supo aprovechar muy bien, con fines que ya explico en el párrafo anterior, las ventajas del -por entonces- recién estrenado formato CinemaScope.

Sobre la base literaria de unas cuantas situaciones de catálogo, Preminger debió considerar modestamente que estaba realizando un trabajo de mera competencia narrativa, fluida y sin barroquismos. Pero tal vez por la endeblez original del guión, la película, una vez finalizado el rodaje y hecho el primer montaje, quedó “muy bonita” si bien los gerifaltes de la Fox no supieron ver más allá y les pareció algo "insulsa" y deslavada (imperdonable error, pensaron ellos, en una cinta con Marilyn dentro), así que llamaron a Jean Negulesco que acababa de dirigir a la actriz en CÓMO CASARSE CON UN MILLONARIO y le pidieron que rodara alguna secuencia adicional (1). Por suerte, el resultado fue la inclusión de la magnífica escena de la gruta (quizá la mejor del film), llena de sensualidad, con Matt que acaba de rescatar del río a una desfallecida Kay, ordenándola que se quite sus ropas mojadas y se arrope en una manta para a continuación "masajear" su aterido cuerpo (sentimos con él su desnudez bajo esa manta que la envuelve y observamos la progresiva excitación de ella al sentir en sus piernas las enérgicas manos de Matt); también la escena final con Mitchum de nuevo, irrumpiendo en el saloon donde canta ella y rescatándola de ese lugar de forma expeditiva para convertirla -más allá de “The End”- en una hacendosa y sumisa ama de casa (o de cabaña).

(1) A una pregunta que le formulé sobre su presunta participación en RÍO SIN RETORNO, el propio Negulesco me lo aclaró en Madrid, aún lúcido y elegante en el día de su noventa cumpleaños, en el transcurso de su visita a la sede de la Filmoteca Española. Una tarde memorable. 

ESPLENDOR EN LA HIERBA (Splendor in the Grass)

(USA) Warner Bros / NBI, 1961. 124 min. Color.

G: William Inge. Ft: Boris Kaufman. Mt: Gene Milford. DA: Richard Sylbert. Vest: Anna Hill Johnstone y George Newman. Son: Edward Johnstone y Richard Vorisek. Ms: David Amram. Pr y Dr: Elia Kazan.

Int: Natalie Wood, Warren Beatty, Pat Hingle, Audrey Christie, Barbara Loden, Zohra Lampert, Fred Stewart, Joanna Roos, Sandy Dennis, Gary Lockwood, Jan Norris, John McGovern, Martine Bartlett, Sean Garrison, Phyllis Diller, William Inge.











SINOPSIS:
En la segunda mitad de los años veinte, en una localidad de Kansas, una pareja de estudiantes están profundamente enamorados pero los represivos conceptos morales de la época y la condicionante actitud de los padres les impide consumar sus naturales impulsos sexuales. Finalmente, este asfixiante entorno termina malogrando el romance.











De regreso a la ciudad en el coche de sus dos amigas, Wilma, con su mente navegando por el pasado, se aleja de la vida de Bud para siempre.

COMENTARIO:
En el esquema argumental de ESPLENDOR EN LA HIERBA, Elia Kazan utilizó los elementos de lo que podría entenderse como un melodrama romántico al que, no obstante, revistió con unos ingredientes de carácter social (los efectos del crack del 29) y enfrentamiento generacional que lo transformaría en algo que pretendía un mayor alcance, el de un capítulo más en ese retablo que forman títulos como LA LEY DEL SILENCIO (aunque este film contiene además otras implicaciones), UN ROSTRO EN LA MULTITUD y RÍO SALVAJE. Así, ESPLENDOR EN LA HIERBA le permite efectuar otro retrato en ese recorrido indagatorio de momentos característicos de la evolución americana que en este caso pasa por la estructura y los intersticios de una historia romántico-familiar, la de los Stamper y los Loomis y el saboteado romance de sus vástagos (el puritanismo de una pequeña colectividad acelera ese proceso de desintegración en el que los dos jóvenes protagonistas se ven inmersos) que nos muestra las dramáticas consecuencias de la incomprensión entre padres e hijos. Una temática, por cierto, muy en boga en el cine de los años cincuenta y que estaba presente en grandes títulos como AL ESTE DEL EDÉN (del propio Kazan) y REBELDE SIN CAUSA de Nicholas Ray.

Partiendo de esta premisa argumental, anhelos, represión, ruptura, hundimiento, locura, ruina, suicidio, aceptación del fracaso, el recuerdo como último refugio, sirvieron al director para dar forma a una magnífica película imborrable en nuestra memoria y, por supuesto, una de las mejores en la filmografía del cineasta armenio. El film, sentimental y de gran fuerza emocional, está jalonado de momentos cumbre en los que Kazan era maestro (intensa, emocionante, de un gran lirismo, la memorable secuencia final en la granja) y solo cabría recriminarle cierta tendencia a que cada personaje esté sujeto a la representación de una postura y de que funcionen por contraste (por ejemplo, el conformismo del joven Bud, su inhibición sexual y su manifiesta cobardía quedan resaltados por la actitud desafiante e irrefrenable de su hermana Jinny).

Termino esta breve reseña afirmando que Natalie Wood (que tuvo la fortuna de trabajar a las órdenes de grandes directores y que con ellos solía estar maravillosa) efectuó en ESPLENDOR EN LA HIERBA la mejor actuación de toda su carrera. Tal vez a algunos/as puede sonarles un poco moña, pero los últimos planos de ella en la película siempre consiguen que los ojos se me inunden. No tengo reparos en confesarlo. 

ME SIENTO REJUVENECER (Monkey Business) (USA) T. Century-Fox, 1952. 97 min. BN. Pr: Sol C. Siegel. G: Ben Hecht, Charles Lederer, I.A.L. ...

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