EL VERDUGO
(Esp-It) Naga Films / Zebra Films, 1963. 91 min. BN.
Pr Ej: Nazario Belmar. G: Luis G. Berlanga, Rafael Azcona y Ennio Flaiano. Ft: Tonino Delli Colli. Mt: Alfonso Santacana. DA: Luis Argüello y José Antonio de la Guerra. Vest: Humberto Cornejo y Maruja Hernáiz. Ms: Miguel Asins Arbó. Dr: Luis G. Berlanga.
Int: Nino Manfredi, Emma Penella, José Isbert, José Luis López Vázquez, Ángel Álvarez, Guido Alberti, Mª Luisa Ponte, María Isbert, Julia Caba Alba, Lola Gaos, Chus Lampreave, Xan Das Bolas, Alfredo Landa, Félix Fernández, Erasmo Pascual, José Sazatornil “Saza”, José Mª Prada, Antonio Ferrandis, Agustín González, José Luis Coll, Pedro Beltrán, Rafael Hernández, José Orjas, Antonio alfonso Vidal, Santiago Ontañón, Vicente Llosa, Goyo Lebrero. Cameo: Manuel Alexandre (como el condenado).
SINOPSIS: Un empleado de funeraria ve que su oficio espanta a las mujeres; salvo una, que resulta ser otra “apestada”: es la hija de un verdugo. Decidida a no dejar escapar la ocasión, le tiende el lazo y se casan al quedar ella embarazada. Surge el problema del piso, para el cual el padre de la chica encuentra una solución: que su yerno se haga verdugo. Le convencen argumentando que quedan más verdugos que condenados a muerte, y que es probable que nunca tenga que ejercer. Pero en plena luna de miel le sacan de la Cueva del Drach y le llevan a rastras, como si él fuese el condenado, a cumplir su misión.
NOTA: Por la trascendental importancia de la película que se comenta, he considerado interesante y enriquecedor reproducir el lúcido y magistral texto que en su día escribió Miguel Marías para el libro “Movie Movie-Guía de películas”, colaboración, entre otras, que siempre agradeceré.
COMENTARIO: Segunda colaboración decisiva de Rafael Azcona y tercera y última obra maestra de Berlanga, todavía más desesperada muestra de humor negro que PLÁCIDO. A la vez film de cámara –centrado en su trío protagonista– y coral –dada la importancia y proliferación de secundarios y comparsas, todos vivos y reales–, extremadamente rico y barroco –especialmente por su irónico uso de la paradoja– y de una austera desnudez –sobre todo la larga escena final, que alcanza un grado de abstracción agobiante–, radicalmente española y crítica de la situación de la época, pero de alcance intemporal y universal –en parte, gracias a la coproducción con Italia, que “europeiza” al protagonista y al funcionario de prisiones encarnado por Guido Alberti–, basa su estructura narrativa en la figura de la ratonera, con un personaje pasivo y resignado que va mordiendo una y otra vez los cebos que le ponen para que “pique” y se someta.
Con planos a menudo amplísimos –unas veces llenos hasta rebosar de gente y objetos, otras veces vacíos y despojados– y de una casi imperceptible longitud, supone la cumbre del segundo periodo de la obra de Berlanga y su máxima expresión de dominio técnico y narrativo; sigue siendo, más de treinta años después, una de las mejores y más audaces películas que se han hecho nunca en España. Cuenta, además, con una de las más memorables interpretaciones del mejor actor español de varias décadas, Pepe Isbert, y todos los demás están perfectos en sus papeles respectivos. Aunque en su momento incomprendida fuera de nuestro país, y acusada infundadamente de adoptar posiciones ideológicas diametralmente opuestas a las que, solapadamente y bajo la envoltura protectora de la comedia, defendía, hoy sorprende realmente que lograra burlar la vigilancia de los censores: ellos seguramente –dada su falta de humor e inteligencia– no la entendieron, pero el público sí. —Miguel Marías.




















Una obra maestra total, divertida y, a la vez, sobrecogedora. En la cumbre del cine español de todos los tiempos, junto con "Viridiana" y "El espíritu de la colmena".
ResponderEliminarSaludos.