BUENOS DÍAS, TRISTEZA (Bonjour tristesse)
(USA-GB) Columbia / Wheel Productions, 1957. 94 min. Color. CinemaScope.
G: Arthur Laurents, basado en la novela de Françoise Sagan. Ft: Georges Perinal. Mt: Helga Cranston. DA: Roger Furse. Vest: Hope Bryce. Ms: Georges Auric. Títulos: Saul Bass. Pr y Dr: Otto Preminger.
Int: Deborah Kerr, David Niven, Jean Seberg, Mylène Demongeot, Geoffrey Horne, Walter Chiari, Juliette Greco, Martita Hunt, Roland Culver, Jean Kent, Eveline Eyfel, David Oxley.

La joven Cecile (Jean Seberg) baila con el acompañante de turno en un club de moda parisino mientras su mente escapa al verano pasado en la Costa Azul. 
En los lavabos de ese local, a solas, Cecile se mira en el espejo. 
Unos meses antes en la Riviera francesa. Cecile y su padre Raymond (David Niven) tienen alquilado un chalet frente al mar mientras disfrutan de unas placenteras vacaciones. 
Aquí vemos a Elsa (Mylene Demongeot), la amante ocasional del padre, negándose remolonamente a salir de la cama porque el sol le ha quemado la piel. 
Elsa, roja como un cangrejo y con crema protectora en la nariz, y Raymond se divierten bajo la sombrilla. 
Esta es la recién llegada Anne (Deborah Kerr). En principio trata de ocultar su atracción por Raymond fingiendo ante sí misma una relación de mera amistad con él. 
...pero pronto se manifiesta abiertamente en sus sentimiento hacia él ante la inquieta sonrisa de Cecile que observa la situación creada. 
La relación de ambas mujeres va tensándose cuando Anne se siente autorizada para interferir en la vida de Cecile. 
Cecile comprende que el "status quo" establecido entre ella y su padre está siendo resquebrajado por la influencia de Anne.
SINOPSIS: Un viudo elegante y libertino y su hija adolescente, viven una existencia feliz y despreocupada en la Riviera francesa. Su frívolo concepto de los sentimientos llegará a provocar la muerte tal vez por suicidio de una diseñadora interesada sentimentalmente por el padre.

Imagen reveladora: un amansado Raymond disfruta con Anne de una sosegada velada en el chalet mientras ambos "ignoran" la presencia de Cecile. 
Fiesta en casa. En primer término vemos a la doncella (Eveline Eyfel) echarse al coleto disimuladamente un lingotazo de whisky mientras el resto de los concurrentes parece divertirse de lo lindo. 
Este es Phillippe (Geoffrey Horne), un atractivo joven que pasa sus vacaciones al lado de su madre en un chalet cercano al de Raymond y Cecile. 
Más como un signo de rebeldía que por atracción, Cecile inicia con Phillippe una relación sentimental. 
El rostro preocupado de Anne. 
Es verano, están en la Costa Azul y se impone una visita al casino. Eso en la superficie, pero Cecile ya ha urdido un plan para librarse de la presencia de Anne. 
Ese plan ha dado resultado: Anne se siente burlada y engañada por Raymond cuando, según lo trazado por Cecile, descubre que éste aún mantiene relaciones eróticas con Elsa. 
Tras la inesperada tragedia, volvemos al presente en un París nocturno y en blanco y negro. Juliette Greco canta en un club al que asisten Raymond y Cecile.
COMENTARIO: Pese a los cambios introducidos y la transformación operada en los personajes de la Sagan en su tránsito al celuloide, la película, aunque muy interesante, resulta –digamos– poco típica de su autor que tal vez a falta de otros asideros se centró en un concienzudo y milimétrico trabajo con los intérpretes, creando con ellos la sensación en pantalla de autenticidad y libertad en su actuación. Incluso el papel de David Niven, cuyo previsible Raymond es de trazo fácil, está soberbiamente trabajado. No obstante, el film se centra en su hija Cecile incorporada por Jean Seberg. Esta enigmática mujer y fascinante actriz que aún no había pasado por las manos de Godard y Rossen, por lo que luego supimos de ella, era difícil de manejar y estos grandes directores con los que trabajó comprendieron que resultaba más rentable explicarle bien su personaje en largas conversaciones y dejarla luego con la suficiente libertad para que se estableciera una ósmosis entre actriz y personaje. El resultado fue siempre excitante. Así, ver a Cecile-Seberg en BUENOS DÍAS, TRISTEZA cómo se mueve, cómo mira y observa a los demás, cómo reacciona, cómo respira, “ella es la película”, una joven que necesita sentirse libre, rellenar a su antojo el dulce vacío de sus días utilizando a su libertino padre como el adecuado instrumento para perpetuar esa burbujeante concepción de la vida ociosa. En realidad, precisando más, ambos personajes son complementarios y se retroalimentan.
La llegada inesperada de Anne (Deborah Kerr), antigua amiga de su padre, una mujer madura y de vida organizada, su influyente presencia invadiendo ese pequeño paraíso acotado, es considerada por Cecile como una amenaza y por ello activa su deseo natural de sacarla del escenario, de deshacerse de ella, recurriendo cuando lo precisa la situación, como un juego, al concurso interesado de la inconsistente Elsa (“prodigiosa” Mylene Demongeot), amante estival de Raymond.
La antipatía de Preminger por Anne resulta evidente a través del tratamiento que da al personaje, no solo en la descripción sino en la forma de encuadrar y dirigir a la Kerr. He aquí el dibujo: una mujer suave pero intransigente, algo ridícula en su exquisitez, impositiva, con una consciente superioridad intelectual que la hace creerse capaz de competir con las mujeres jóvenes y turgentes que satisfacen el apetito sexual de Raymond. Podemos decir que en cierto modo el director se pone de parte de la joven Cecile para desembarazarse de ella, si bien, a nivel de guión, no le quedaba otra que reconocer el insensato proceder de la joven (y su padre) y a la postre una posterior y parcial asunción de las consecuencias acarreadas.
Luz, diversión, inconsciencia y color para el flashback que constituye el cuerpo de la película y que describe el verano pasado en la Riviera, y unos expiatorios prólogo y epílogo en blanco y negro para el nocturno presente parisino de ese padre y su hija saltando de fiesta en fiesta como meros fantasmas que huyen de sí mismos.

Preminger a lo largo de su carrera ha tocado todos los palos. Así que no sé si "Buenos días, tristeza" es más o menos típica del autor. Como a ti, a mí también me gusta esta película en función de cómo trata los personajes femeninos y cómo ha dirigido a las actrices que los interpretan. Jean Seberg siempre me ha parecido maravillosa y difícilmente comparable con cualquier otra actriz a raíz de su peculiar personalidad. Deborah Kerr era ideal para el papel de Anne y me cuesta imaginar a otra. Y Mylene Demongeot, siguiendo tu broma, está "¡prodigiosa!".
ResponderEliminarAh, y te digo que me encantan las fotos que ilustran tu post; están muy bien elegidas y comentadas.
Saludos!.
Lo "atípico" de BUENOS DÍAS, TRISTEZA, en efecto puede resultar discutible si sobrevolamos la filmografía de Preminger a lo largo de la cual abordó todos los géneros. Creo que amplío un poco mi razonamiento en la respuesta al comentario de Hildy. Por lo demás, estamos de acuerdo en que BUENOS DÍAS, TRISTEZA es una película de actrices, acertadamente elegidas y perfectas (ellas sí) en sus papeles.
EliminarUn saludo.
La película me llegó por varias vías y la tengo cariño. Primero conocía la novela de Françoise Sagan, y me interesan las adaptaciones cinematográficas de distintas obras literarias. Segundo, hubo una época que todo reparto que incluía el nombre de Deborah Kerr se convertía en película de mi interés. Es una actriz que me gusta muchísimo y con una filmografía inteligente. También influyó en aquellos momentos el hecho de que me dedicaba a rescatar todo lo que podía de Otto Preminger. Creo que su atracción hacia la obra de Sagan residió en que a Preminger todo lo que resultara provocador, con temas fuertes, polémicos, y que echara por tierra definitivamente el código Hays le llamaba la atención. Y aquella novela en su momento estuvo rodeada de polémica. Polémica: Otto. Y como bien dices puede no resultar redonda, incluso imperfecta, pero contiene momentos que me fascinan, así como la relación entre los personajes. Jean Seberg (qué bella) y David Niven me los creo totalmente en sus papeles y en esa relación que establecen como padre e hija.
ResponderEliminarBeso
Hildy
Es posible que Preminger se decantara por la novela de la Sagan en virtud, como dices, de la dosis de "audacia temática" que pudiera destilar pero no era un gran "tema" como a él le gustaba abordar en sus películas, sobre todo en las que rodó a partir de los años cincuenta donde se interesó abiertamente por los temas inherentes a su tiempo (el ejército, la drogadicción, el deseo sexual (¿conoces THE MOON IS BLUE?), el sistema de justicia, Israel, los mecanismos de la política americana, las cuestiones raciales, la Iglesia...). forzando siempre los corsés impuestos hasta romperlos.
EliminarComo más o menos apunto en el primer párrafo del post, creo que BUENOS DÍAS, TRISTEZA es una película en que Preminger presta mucha más atención a los personajes, centrándose en ellos, que a la historia que nos cuenta, bastante trivial vista con ojos de hoy.
Un abrazo.
En estos últimos veinte años he visto esta cinta varias veces y ha terminado siendo una de mis preferidas en la filmografía de Otto Preminger. Encuentro muy interesante la estructura de flashback utilizada para contrastar ese culposo y triste presente en blanco y negro de padre e hija con aquel verano de ocio, luz y color. ¡Qué gran maestría expositiva! de personajes y ambientes. Los tres papeles femeninos están perfectamente descritos, pero igualmente el del padre (un magnífico Niven muy cómodo en ese personaje) como dócil motor lúdico no consciente de lo que está germinando a su alrededor.
ResponderEliminarSaludos.
Es difícil dotar de sentido a la vida y los personajes de BUENOS DÍAS, TRISTEZA no saben cómo hacerlo, como la mayoría de nosotros, supongo. Solo que ellos tienen la "vocación" y la posibilidad de divertirse más. Ante la oquedad de este confortable modus vivendi, la única salida es huir hacia adelante y que les quiten lo bailado (nunca mejor empleada la expresión). Aunque el vacío y la tristeza resultan finalmente inesquivables.
EliminarUn saludo.
Quizás para algunos la moraleja de esta película ha quedado anticuada o exagerada si aplicamos el rasero del descreimiento de estos días. Sea como fuere, la frivolidad y egoísmo de Cécile y su padre solo puede conducir a un triste final.
ResponderEliminarEn un plano más frívolo, en línea con los personajes, como admiradora de la moda, también quiero mencionar los elegantes modelos de Givenchy lucidos por las protagonistas.
Saludos.
Efectivamente, BUENOS DÍAS, TRISTEZA contiene una "moraleja", que, como apuntas, ahora puede tener menos vigencia. En cuanto a los modelos de Givenchy, confieso que desconocía su autoría en la película... y es que no soy un "connoisseur" de ese modisto salvo por los preciosos vestidos que diseñaba para Audrey Hepburn.
EliminarUn saludo.
Me fascina esta película y algunas de las razones ya las explicas en tu comentario, Teo. Por lo demás, confieso que siempre me cayó extremadamente agradable el contrapeso que representa en esa historia el personaje de Mylene Demongeot.
ResponderEliminarUn saludo.
La "mujer objeto" por excelencia. Parafraseando al vitalista personaje que interpreta Mylene, diré: ¡Prodigiosa!
EliminarUn saludo.
Me gustó esta película, recuerdo haber escrito sobre ella cuando falleció Deborah Kerr. Describir a esos personajes vacíos que deambulan de fiesta en fiesta sin otro pasatiempo que dejarse llevar por el inexorable paso del tiempo fue un placer. También el recuerdo de la que no quisieron retener con ellos, aquella que realmente importaba, y que no valoraban suficientemente.
ResponderEliminarLo mejor de la película fueron las interpretaciones de los actores. Ya has descrito lo bien que lo hace Jean Seberg, pero también la creíble actuación de David Niven, muy adecuado a esos papeles decadentes como aquel que le llevo a conseguir el Óscar por "Mesas Separadas".
Saludos.
Preminger, un director meticuloso y en ocasiones muy duro en el trato con sus actores. Un método que a él le daba buenos resultados. Parece ser que solo utilizó "guantes de terciopelo" a la hora de dirigir a Jean Seberg y Jill Haworth. Con la primera rodó dos películas y a la segunda la utilizó en tres. También reincidió con David Niven. Por cierto, no acabo de ver las concomitancias entre el personaje de Niven en esta película (un "bon vivant" superficial y con pocos escrúpulos) y el que incorporó en MESAS SEPARADAS (un hombre acabado que trata de ocultar su fracaso inventándose una biografía fraudulenta). Su Raymond de esta le conecto más con su Charles Lytton de LA PANTERA ROSA. Pero sí, personajes decadentes acumula unos cuantos a lo largo de su amplia filmografía.
EliminarUn saludo.