MARGARITA GAUTIER (Camille)

(USA) MGM, 1936. 109 min. BN.

Pr: Irving Thalberg, Bernard Hyman y David Lewis. G: Zoe Akins, Frances Marion y James Hilton, basado en la novela de Alexandre Dumas hijo y su adaptación teatral. Ft: William Daniels. Mt: Margaret Booth. DA: Cedric Gibbons. Vest: Adrian. Ms: Herbert Stothart. Dr: George Cukor.

Int: Greta Garbo, Robert Taylor, Lionel Barrymore, Elizabeth Allan, Henry Daniel, Jessie Ralph, Laura Hope Crews, Rex O’Malley, Lenore Ulric, E.E. Clive, Joan Leslie, June Wilkins, Douglas Walton.










SINOPSIS:
En el París decimonónico, una cotizada cortesana enferma de tuberculosis encuentra enternecedor el amor que demuestra por ella un joven caballero apasionado y sin experiencia del que, sin embargo, termina enamorándose. A pesar de la oposición del padre de él y de la amenazante actitud del protector de ella, vivirán un intenso romance que sólo la muerte pondrá fin.




Monsieur Duval (Lionel Barrymore) es el aristocrático e intransigente padre de Armand.

Marguerite (Greta Garbo) es devuelta a la realidad con la sutil argumentación de Monsieur Duval que la convence de que abandone a su hijo por el bien del joven.

Obligada a esta renuncia, Marguerite sufre y empeora su salud.

Debilitada por el avance de la tuberculosis, sufre un desvanecimiento. Armand (Robert Taylor) es avisado por Nanine (Jessie Ralph) y acude a su lado.

Marguerite agoniza y finalmente muere en brazos de su enamorado Armand.

COMENTARIO:
Si nos adentramos en un hipotético museo de los géneros cinematográficos y elegimos la majestuosa estancia dedicada al melodrama romántico, no podremos evitar detenernos extasiados ante CAMILLE, de 1936, título que sin duda constituye el ejemplo por antonomasia, el más estilizado y lírico, el más sublime filmado en el Hollywood de la edad dorada, y lo es en función tanto de su director como, sobre todo, de la estrella que lo protagonizaba. Efectivamente, para la Metro, esta película fue el más ambicioso y cuidado de los vehículos destinados a la Garbo solo igualado en perfección e incluso superado (en opinión de quien esto escribe) por el portentoso resultado conseguido tres años antes en LA REINA CRISTINA DE SUECIA (Queen Christina) bajo la dirección de Rouben Mamoulian, un director que, como digo, obtuvo efectos casi mágicos con un método narrativo que cifraba su intensidad en un sentido de la desnudez excluyente de lo accesorio facilitando así la concentración en el punto preciso y conseguir el efecto deseado (fórmula que Hitchcock, años después, puliría hasta la absoluta perfección), muy alejado del empleado por un exquisito Cukor más proclive al oropel contextualizador, al retrato social como adecuado excipiente para dotar de consistencia y sabor al relato.  No obstante, Mamoulian y Cukor coincidieron en comprender que ante materiales tan extremadamente románticos (y por lo tanto, resbaladizos) debían jugar su principal baza en el trabajo con la mítica Greta Garbo potenciando al máximo ese lado, digamos, intangible, aterciopeladamente histriónico, casi operístico, empleado por la magnética estrella sueca; este aspecto lo acentuó más el segundo que el primero. En cualquier caso, los dos directores alcanzaron resultados asombrosos por caminos opuestos.

Centrándonos en la que ahora nos ocupa, el autor de UN ROSTRO DE MUJER, no solo demostró su talento con un primoroso y refinado sentido de la puesta en imágenes y una perceptiva visión sobre los personajes, incluidos los muy cuidados secundarios; aquí se valió del armazón de la famosa novela de Alexandre Dumas hijo para contarnos una historia con apuntes sociológicos de aquel París festivo y romántico, de salones, cortesanas y lúdicos aristócratas, trufada de lances folletinescos (amor saboteado por las barreras sociales, el ingenuo idealismo del joven Armand frente a la experiencia y liviandad de Marguerite, enamoramiento, celos, honor, orgullo, sacrificio, enfermedad, agonía y muerte). Con una impecable y calculada conjugación de estos ingredientes supo hacer inolvidables la mayoría de las escenas, consiguiendo además arrancar una modulada y convincente actuación al poco expresivo Robert Taylor como el párvulo y vehemente Armand Duval. Aunque la gran virtud de la película, que deviene perfecta en todos sus apartados, lo que la ha elevado por encima del tiempo y de cualquier comparación, es -ya lo apuntaba antes- la subyugante composición que de su personaje, Marguerite, hace la impar e irradiante Greta Garbo. Ella consigue arrebatarnos y elevar el grado de intensidad de todos los planos en que aparece. Enamora a la cámara y los espectadores somos raptados y hechizados.

Para la Historia han quedado muchos momentos, pero la patética, bellísima secuencia de la muerte de Marguerite apagándose lentamente en brazos de su amado, haciéndonos sentir la gradual desaparición de vida en su cuerpo, da la medida del grado de emoción que puede llegar a transmitir una imagen cinematográfica cuando detrás de su elaboración confluyen los genios de aquellos demiurgos de la turbación, de la exaltación, que habitaban los estudios hollywoodenses en la gloriosa década de los años treinta del pasado siglo. Algo irrepetible... porque ya vivimos en otro mundo. 

16 comentarios:

  1. Vaya triple salto mortal hacia atrás con tirabuzón que efectúas con este Cukor tras tu visita a la “Tierra de faraones”, en aras de la variedad, supongo. Pero en lo referente a la que ahora toca, siempre he imaginado qué podía haber resultado de ese folletón, tal cual y con el mismo guión, filmado por un director rutinario y sin la Garbo. Seguro que un insoportable truño. Pero ahí estaban la sensibilidad, el exquisito gusto y el genio de George Cukor en combinación con el magnetismo de la divina sueca para convertir eso en un melodrama romántico inmarchitable.
    Saludos.

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    1. Tú mismo respondes a tu conjetura con bastante acierto, lo que -y este es otro salto- me lleva a recordar una película española de 1962, LA BELLA LOLA, ridículo remake (quiero decir, una nueva adaptación de la novela de Dumas hijo) que Alfonso Balcázar se atrevió a realizar ¡con Sara Montiel!. Ahí tienes un aproximativo ejemplo.
      En cuanto a la elección de títulos a la hora de postearlos en este blog, lo cierto es que no suelo seguir ninguna regla ni orden establecido; según me vienen a la cabeza, que puede ser por distintos motivos, así los coloco.
      Un saludo.

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  2. Hola! sorpresa agradable la de esta oportuna exhumación de una joya que mucho me temo está ya arrinconada acumulando polvo en el trastero de la ignorancia o la desmemoria. Y es que corren malos tiempos para la lírica. Pero aún queda el reducto de quienes adoramos a "Camille", a esta "Margarita Gautier", bendecida por Cukor, la excelsa Garbo y el entonces inmaculado y enternecedor Taylor (también).
    Un saludo.

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    1. La adoramos, sí, lo que nos empuja a volver sobre esta película inevitable y regularmente al cabo de tantos años de su realización, en concreto, ¡noventa!. Resulta reconfortante que tú, integrante de una generación posterior a la mía, formes parte de los inquilinos de ese reducto del que obviamente también formo parte. En fin, una obra en el Olimpo cuyas imágenes continúan embelesándonos, n'est pas?.
      Un saludo.

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  3. Lo siento, Teo, pero debo ser una rara avis porque nunca me he sentido especialmente embargada por el carisma de Greta Garbo. No quiero decir que no me guste la actriz ya que sería una necia si no reconociera el grado de seducción de su estilo lánguido y etéreo, con ese sempiterno recurso de aparentar estar siempre "ausente", como con la mente en otra parte más elevada. Al margen de esto, la última vez que vi "Camille", pese a todas las virtudes que le adjudicas en tu post, a mí es que me olía a naftalina. Pero sí estoy de acuerdo contigo en que "Queen Christina" es su mejor película. Pese a ser más antigua, la encuentro mucho más moderna en su concepción. Saludos.

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    1. No lo sientas, Flor de Santidad. A mí me ocurre lo mismo con algunos títulos de los considerados irresistibles e intocables y en cambio se me humedecen los ojos ante alguna película ignorada o menospreciada por la mayoría. Es normal que en el terreno del arte y de lo emocional cada cual tengamos nuestra propia línea de sensibilidad y en consecuencia percibamos de distinta manera el aspecto y el supuesto contenido una misma obra. La experiencia nos ha demostrado que no todo el mundo reacciona igual ante los mismos estímulos.
      Un saludo.

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  4. A los que os gusta el cine, de lo contrario no estaríais leyendo esto, sabéis de qué va “Camille”, este drama romántico y folletinesco que escribió Alexandre Dumas hijo. Pocas veces hablo de cómo se hacen las pelis, de su narrativa, eso supongo que me aburre... sólo deseo expresar lo que me inspiran, me emocionan y conmueven. En suma, de cómo me hacen soñar. El maestro Cukor fue un gran conocedor del alma femenina y como no podía ser de otra manera, el resultado de “Margarita Gautier” es perfecto y transita todas las emociones. Hay momentos en que esbozas una sonrisa observando a esas meretrices, mantenidas y penosas, a la caza de un partido que las retire, todas vestidas con horribles modelos, excesivas en todo, incluso en carnes y modales; pero de repente aparece un hada, con un velo, hasta se puede ver la varita mágica y todo cambia ¡Dios y los Arcángeles! Su rostro me hipnotizó, su actitud ante la cámara, su entrega, pero en los sucesivos visionados de la película descubrí que Greta no es una mujer triste o seria, como a menudo nos la han querido pintar. En la primera parte sonríe todo el rato e incluso descubrí que a veces tiene la mirada "pillina" y ahí va un ejemplo: cuando mira con los prismáticos a Armand, adivinamos qué está pensando "mira qué petit-suisse", y conste que detesto este postre infantil, mientras se pueda degustar un buen queso manchego-semicurado.
    Como toda película, como toda historia, “Margarita Gautier” tiene un final y de eso, sí deseo hablar. Margarita está muy enferma (no olvidemos que estamos hablando de un folletín que Dumas escribía por encargo y por entregas). Pero dejemos a monsieur Dumas y sigamos con Margarita que se nos muere... y como se veía venir, allí estará Armand junto a ella en ese instante sublime. Teo, en tu comentario sintetizas muy bien ese momento pero yo deseo extenderme algo más. Hay muchos actores y actrices que han de "morir" por exigencias de la obra o de un guión, pero queridos, como se muere Greta Garbo, no lo ha hecho nunca nadie. Su registro cambía y vemos a Margarita consumida por la enfermedad y el dolor, quiere aparentar estar bien ante su enamorado, y ¡señores!, se levanta con un gesto personal y único, se apoya en un sillón, se prende las camelias en el cinturón y se mantiene incorporada. ¡Os juro que es como flipar! Está tan exánime que apenas le queda energía en el cuerpo y ha de sentarse de nuevo, reposa su cabeza en lo alto del cojín, se levanta, Armand la sostiene, ella (¡Greta!) se desmadeja completamente en sus brazos, expira... y podemos apreciar el instante, de cómo su alma abandona el cuerpo... Sublime, fascinante, queridos míos, ¡Qué bien se muere Greta Garbo!
    Un abrazo.

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    1. En primer lugar, habiendo quedado sencillamente anonadado ante tu peculiar exposición, ahí va mi felicitación por esa encendida declaración de principios de tu posición frente a la película que nos ocupa y, sobre todo, por cómo te lanzas sin freno a la hora de explicitar tu admiración/fascinación (que compartimos creo que todos) por la “divina”. Me ha gustado especialmente, y eso deja en mantillas mi pequeño párrafo al respecto, tu acertada forma de describir de una manera que combinas lo táctil con lo poético, el sublime momento de la muerte de Marguerite.
      Un abrazo.

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  5. Tal vez la mejor actuación de Greta Garbo, que logra transmitir tanto la frivolidad inicial como la profunda nobleza de alma y la fragilidad física de la protagonista. George Cukor demuestra su maestría en la dirección de actrices y en el manejo de dramas íntimos, dotando a la película de una elegancia y dignidad que elevan el material melodramático. La película logra retratar con éxito la hipocresía de la moral burguesa de la época.

    Un saludo.

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    1. Viendo sus películas, todos hemos hemos podido comprobar la extraordinaria sensibilidad de Cukor para los retratos femeninos, su enorme capacidad para enriquecerlos con una gama de matices reveladores y una finísima dirección de actrices de resultados casi mágicos. Apunto de paso que algo parecido podríamos decir de directores como Douglas Sirk y Pedro Almodóvar. Pero es que además en CAMILLE ¡tenemos a la mítica Greta Garbo! una actriz singular cuya presencia lograba sublimar cualquier personaje elevándolo a la quintaesencia. La tormenta perfecta.
      Un saludo.

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  6. “Margarita Gautier”, por sus características, es lógico que hoy en día desprenda división de opiniones. Bueno, cierto que la Divina condiciona el tono de la película que para un servidor se mueve en la línea del melodrama artificial y, por momentos, plano a nivel dramático y que sólo se anima en su parte final, pero es que esta Traviata es un vehículo para explotar el carisma y las dotes (qué vaya si las tenía) de este mito del cine. Cuidada producción y una realización siempre al servicio del trabajo de la actriz (circunstancia palpable si nos fijamos en la cantidad de primeros planos utilizados por Cukor) que no acaban de transmitir la posible fuerza emocional que posee la historia. Yo también me quedo antes con la Reina Cristina, que además sale un gracioso John Gilbert en un menospreciado trabajo.
    Un saludo.

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    1. Ciertamente, hay percepciones muy diferenciadas en torno a esta película. Reconozco que a estas alturas resulta dificultoso "adaptar y sentir" a los actuales parámetros esa historia romántica de naturaleza folletinesca que narra la peli de Cukor. Pero, qué quieres, llámame antiguo por la emoción que me continúan provocando sus imágenes. No obstante, prefiero pensar que se trata más bien de las virtudes que encierra la película como tal película (y de Greta Garbo, naturalmente), sin perder de vista que se inspiraba en un folletón decimonónico de Alexandre Dumas hijo.
      Un saludo.

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  7. Después de la operática aportación de Verdi en 1853, nadie mejor que George Cukor, allá por 1936, para afrontar la madre de todos los melodramas y por supuesto nadie tan óptima en su momento como la Garbo para dar encarnación a su protagonista. Con esos mimbres el éxito estaba asegurado y, a través de los años, su alcanzada inmortalidad también.
    Saludos.

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    1. El tono y ritmo narrativos, el lirismo exacerbado de sus imágenes, la excelsa estilización de Greta Garbo, efectivamente, hacen de CAMILLE una obra "operística". A este respecto, imagino que Cukor vería alguna representación de "La traviata". Vamos, lo doy por sentado.
      Un saludo.

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  8. Esta película la tenía semiolvidada y he esperado a decir algo sobre ella hasta haberla visto de nuevo y ya lo he conseguido con la ayuda de una amiga. Tras lo cual, sé que no voy a aportar nada nuevo porque también para mí resulta evidente que de no ser por el celestial trabajo de Greta Garbo no habría hoy nadie capaz de tragarse semejante folletín. Cukor puso toda la carne en el asador, a la vista está, pero sólo porque contaba con la Garbo, única baza por la que “Margarita Gautier” se mantiene después de tanto tiempo como una película de las consideradas inmortales.
    Un abrazo.

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    1. Nada que objetar a tu opinión sobre lo decisivo de la presencia de la Garbo que obviamente comparto aunque no de manera tan radical o reduccionista porque, bueno, una película dirigida por Cukor siempre ofrecerá puntos de interés y en ella encontraremos las suficientes virtudes que puedan elevarla a la categoría de obra maestra aunque su temática -a estas alturas- se nos antoje desfasada y esa escenificación operística y pasional de un mundo decimonónico pueda parecer infumable para la mentalidad imperante en la actual sociedad. Claro, que por esa regla de tres, nadie o muy pocos acudirían hoy en día a una representación de "La traviata" de Verdi. Y tú y yo sabemos que no es así.
      Un abrazo.

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