EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA (The Prince and the Showgirl)

(USA-GB) Warner Bros. / Marilyn Monroe Productions, 1957. 117 min. Color.

Pr Ej: Milton H. Greene. G: Terence Rattigan, basado en su obra “The Sleeping Prince”. Ft: Jack Cardiff. Mt: Jack Harris. DA: Roger Furse. Vest: Beatrice Dawson. Ms: Richard Addinsell. Pr y Dr: Laurence Olivier.

Int: Marilyn Monroe, Laurence Olivier, Sybill Thorndike, Jeremy Spenser, Richard Wattis, Esmond Knight, Rosemund Grenwood, Maxine Audley, Paul Hardwick, Jean Kent, Vera Day.










SINOPSIS:
En la coronación de George V celebrada en Londres en 1911, uno de los reales invitados a la ceremonia, el príncipe regente de Carpatia, hace una visita a un teatro de variedades de la ciudad. Al serle presentada la compañía, se fija en una atractiva corista a la que hace ir a sus aposentos con el propósito de que la chica le alegre la noche. Sin embargo, el desparpajo de la muchacha, su falta de prejuicios y desarmante sentido de la lógica, romperán los esquemas del presuntuoso y envarado carpatiano, dando finalmente una especial trascendencia a la velada.









El fotógrafo Milton H. Greene fue amigo de Marilyn y la ayudó en su intento de librarse del yugo de la Fox asociándose con ella en la productora que fundó la actriz. En EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA asumió las funciones de productor ejecutivo y esta foto promocional se la hizo él durante rodaje de la película.

COMENTARIO:
La Monroe –siempre insegura y acomplejada– deseaba mejorar su carrera y conseguir que la respetaran como actriz, para lo cual, el año anterior había decidido pasar por el Actor’s Studio para recibir algunas clases. Después, la primera medida fue formar su propia compañía de producción y con esa ansiada “independencia” rodó la magnífica BUS STOP (reseñada en este blog) a las órdenes de Joshua Logan. A continuación acepta viajar a Inglaterra para ser dirigida nada menos que por Laurence Olivier (para Marilyn, aquello representaba un baño de prestigio o así lo entendió ella) en lo que prometía ser una sofisticada comedia de fino e incisivo humor británico.

Bueno, sobre la base del material suministrado por la obra de Rattigan, la cinta en cuestión nos traslada en cuidadas imágenes sazonadas, eso sí, con una cierta dosis de sorna el trasnochado lujo de aquella “pompa y circunstancia” de la Inglaterra eduardiana. Pero no debemos distraernos con estas cuestiones ambientales; en realidad su atención (adivinando la nuestra) se centra en filmar con evidente deleite las evoluciones de Marilyn (ahí están los numerosos planos-homenaje a su generosa popa) enfundada en un ajustado vestido blanco de fiesta durante su larga encerrona en la embajada de Carpatia. De todo ello, también por algunas informaciones que nos llegaron en su día, se desprende que el altivo Olivier trató a nuestra querida Marilyn con la misma actitud del carpatiano a la corista. Curiosamente, esta circunstancia acabó beneficiando, aunque de forma indirecta, el resultado de la película.

14 comentarios:

  1. En mi opinión, por las películas que conozco de él, Laurence Olivier en su faceta de director cinematográfico no puede decirse que aportara grandes hallazgos en el lenguaje de cámara. Sus puestas en escena me resultan ampulosas y por supuesto, con un inevitable tufillo teatral del que nunca se desprendieron sus películas. Supongo que a Shakespeare le hubieran gustado pero a mí no.
    Refiriéndome a "El príncipe y la corista", por supuesto, más ligera que otras al no tratarse esta vez de una adaptación de El Bardo de Avon, se disfruta y mucho, sobre todo, gracias a la deliciosa creación que hizo Marilyn Monroe de su personaje. Eso es obvio.
    Un abrazo.

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    1. Olivier tiene algunos trabajos como actor en verdad memorables, pero como director nunca me llegó a interesar. Y tienes razón en que EL PRÍNCIPE Y LA CORISTA nos embelesa merced en buena medida a la presencia transformadora de esa criatura impar llamada Marilyn Monroe.
      Un abrazo.

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  2. Memorable Marilyn, se merienda a todo el reparto, incluido el shakespeariano y un tanto vanidoso actor-director.

    Saludos.

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    1. Pues sí, solía ocurrir con la mayoría de las películas en las que intervenía la Monroe, que su magnética presencia en el plano desviaba la mirada y atención hacia ella, haciéndonos casi olvidar quién más estaba dentro del encuadre.
      Un saludo.

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  3. Supongo que por parte de Laurence Olivier fue un riesgo calculado aceptar dirigir una película con Marilyn Monroe. Algo así como "mirad, sé hacer películas sin el comodín de Shakespeare". Le agrademos ese paso dado porque nos proporcionó dos horas de marilynesca diversión.
    Saludos!

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    1. Aprecio tu sardónico sentido del humor, Gonzalo. Pero sí, probablemente tienes razón, sobre todo, en el elemento salvador que representan los rítmicos desplazamientos de aquí para allá de la subyugante y desarmante Elsie por las estancias de esa embajada. Todo lo demás se nos borra.
      Un saludo.

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  4. Siempre me interesó casi tanto como la propia película la historia del rodaje de "El Principe y la Corista", de cómo Marilyn, probablemente sin pretenderlo, difuminó a Sir Laurence Olivier que con su rigor británico y su antipatía mal disimulada hacia ella fue incapaz de asumir y valorar la naturalidad de la mítica rubia cuando actuaba con ese su maravilloso instinto. Esto fue probablemente lo que provocó que el “shakespeariano” la tratara con cierto desdén. Hay una agradable película de 2011, “Mi semana con Marilyn”, cuya trama cuenta precisamente cómo fue su estancia en Londres, su difícil relación con Olivier y el refugio emocional que nuestra vulnerable rubia encontró en la figura de Colin Clark, el joven ayudante de producción, con el que mantuvo una cariñosa relación de apoyo y amistad durante parte del rodaje.
    Saludos!

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    1. Pues sí, ese rodaje fue un reto para la mítica estrella que chocó con el engolamiento, la animadversión y la presuntuosa ortodoxia de Sir Laurence. No obstante, el resultado de ese choque de mentalidades dio un resultado magnífico. Así, viendo la película no sabemos muy bien dónde termina el personaje del regente de Carpathia y comienza el de Laurence Olivier.
      Conozco esa película que mencionas dirigida por Simon Curtis y que protagonizó una estupenda Michelle Williams dándonos una Marilyn en verdad entrañable, aunque ignoro en qué medida se ceñía a la realidad de aquel episodio de su vida.
      Un saludo.

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  5. De una aparente ligereza, El príncipe y la corista funciona como un choque de mundos: la solemnidad de una monarquía que se toma demasiado en serio frente a la naturalidad desarmante de una mujer corriente. Lo más interesante es que la corista no conquista al príncipe por astucia o ambición, sino por algo mucho más extraño en ese entorno: autenticidad. Entre el brillo de la nueva Europa y el encanto moderno de Marilyn Monroe, la película acaba sugiriendo que la espontaneidad puede ser más revolucionaria que cualquier discurso político.

    Un saludo.

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    1. En efecto, Pedro, muy bien sintetizado. La desinhibida naturalidad de Elsie, en choque con ese mundo caduco de acartonada solemnidad, funciona como las trompetas de Josué frente a las murallas de Jericó, por emplear un símil bíblico.
      Un saludo.

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  6. Divertida comedia donde la apetitosa Marilyn se merienda al estirado Olivier, y eso que el segundo jugaba en casa. Se deja ver con simpatía, aunque no es la mejor película de la estrella rubia platino por excelencia.
    Saludos.

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    1. Bueno, las comedias con Marilyn es lo que tienen: sus oponentes masculinos, por muy potentes que resulten en otras películas, quedan inevitablemente eclipsados por ese magnetismo de ella que atrapa nuestra atención con la fuerza de un imán.
      Un saludo.

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  7. Tengo muchas ganas de revisarla de nuevo. Esta semana toca. Creo que se capta la magia arrebatadora de Marilyn como actriz y cómo la cámara de cine la adoraba. Algo que captó a la perfección la película "Mi semana con Marilyn".
    Beso
    Hildy

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    1. Sí. Más arriba, Aurora se refería a esa película en la que según mi recuerdo, lo más destacable era la delicada composición que la estupenda Michelle Williams hacía de esa desvalida Marilyn en tierra extraña donde el apoyo no lo encontró precisamente en su marido sino en la figura de ese sensible y fascinado jovencito auxiliar de producción dotado de una inteligencia emocional que libró a la actriz de males mayores.
      Un abrazo.

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