TO BE OR NOT TO BE/SER O NO SER (To Be or Not To Be)
(USA) United Artists / Romaine Film (Ernst Lubitsch), 1941. 99 min. BN.
G: Edwin Justus Mayer, basado en una historia de Ernst Lutbisch y Melchior Lengyel. Ft: Rudolph Maté. Mt: Dorothy Spencer. DA: Vincent Korda. Vest: Irene Gibbons (para Carole Lombard). Ms: Werner Heymann y (sin acreditar) Miklos Rozsa. Pr y Dr: Ernst Lubitsch.
Int: Carole Lombard, Jack Benny, Robert Stack, Stanley Ridges, Felix Bressart, Lionel Atwill, Tom Dugan, Sig Rumann, Charles Halton, Henry Victor, George Lynn, Miles Mander, Halliwell Hobbes, James Finlayson, Helmut Dantine, Maude Eburne.
SINOPSIS: En Varsovia, en vísperas de que las tropas nazis invadan Polonia, la compañía teatral de María y Joseph Tura estrenan una obra llamada “Gestapo”. Las representaciones son canceladas cuando la invasión es ya un hecho y en su lugar la compañía recurre al “Hamlet” shakespeariano. Durante el famoso monólogo, un joven aviador polaco abandona apresuradamente su butaca para reunirse con María en el camerino. Una inocente cita de amor que impensadamente será el inicio de una complicada aventura en la que se verán implicados todos los miembros de la compañía que, en un momento dado, llegarán a suplantar al mismísimo Hitler durante una visita de éste a Varsovia.
COMENTARIO: Esta película se rodó en 1941, en unos momentos tan sumamente inquietantes para el hemisferio occidental como fueron aquellas fechas en que los ejércitos de Hitler se habían apoderado de casi toda Europa. Y ahí estaba Ernst Lubitsch decidiendo hacer propaganda antinazi, pero de la manera más inteligente y divertida integrando el discurso en un complejo entramado argumental que venía a combinar comedia, gotas de drama, suspense y farsa a partir de un guión increíblemente bien construido, unos intérpretes que se tornan maravillosos vehículos para la sabia ironía del maestro que los conduce (deliciosa Carole Lombard en la que sería trágicamente su última actuación), y una cámara suave, elegante y malintencionada. Una postura, la de Lubitsch, que al parecer no encajó bien en su día, pues estos asuntos sólo se concebían entonces desde la arenga patriotera y el drama épico y discursivo.
Es curioso cómo lo que ahora resulta evidente no siempre lo fue; me refiero al grado de sutileza y genialidad que alcanza SER O NO SER, consecuencia de su precisa maquinaria narrativa de timing perfecto a la hora de manejar y combinar esos elementos clave que activan nuestro cerebro generando una respuesta en forma de empáticas carcajadas o sonrisas cómplices ante el caricaturizado retrato que se nos ofrece de la incongruencia humana. El disfraz y la representación como engaño orquestado (recordemos que los protagonistas son integrantes de una compañía teatral) para salvar la vida, la propia y la de los demás, somete a los personajes a continuos vaivenes e improvisaciones que desdibujan gradualmente para ellos la línea entre realidad y ficción en un juego de tensiones mantenidas y liberadas. La burla es inmisericorde y el arranque de la película no puede ser más ilustrativo de lo que hablamos con esa inolvidable secuencia en que vemos a un relajado “Hitler” paseando por una calle de Varsovia ante la mirada estupefacta de los viandantes. Lubitsch no dudó en romper tabúes a la hora de conseguir abrir nuevos y audaces caminos al concepto de comedia. Estamos pues ante una obra maestra inmune al paso del tiempo, que hoy conserva más claras y patentes aquellas virtudes que en su día no fueron del todo apreciadas.
Nota: Por razones obvias, esta película no pudo estrenarse en España, la más duradera dictadura europea, hasta treinta años después de su producción (en Madrid lo hizo en enero de 1971 en una pequeña sala en versión original subtitulada).


















Cuando quiero relativizar la importancia de las cosas y reírme un poco de mí misma vuelvo a ver “Ser o no ser”. De ahí, que esté muy de acuerdo en varios puntos de tu comentario, Teo. Lubitsch utiliza la terrible gravedad del escenario en que se desarrolla la historia que nos cuenta utilizando una óptica que le permite "reírse" del horror con tanta elegancia que el dictador de turno, en este caso Hitler, se queda sin argumentos y solo atina a decir "Heil myself". Y además, como dices, genial, genial, todo el reparto.
ResponderEliminarUn abrazo.