¿QUIÉN ERA ESA CHICA? (Who Was That Lady?)

(USA) Columbia / Ansark / George Sidney, 1959. 115 min. BN.

Pr: Norman Krasna y George Sidney. G: Norman Krasna, basado en su obra “Who Was That Lady I Saw you With?”. Ft: Harry Stradling. Mt: Viola Lawrence. DA: Edward Haworth. Vest: Jean-Louis. Ms: André Previn. Can: Sammy Cahn y James Van Heusen. Dr: George Sidney.

Int: Tony Curtis, Dean Martin, Janet Leigh, James Whitmore, John McIntire, Barbara Nichols, Larry Keating, Simon Oakland, Larry Storch, Joi Lansing, Barbara Hines, Marion Jarvits, Michael Lane.

Imagen promocional de David Wilson (Tony Curtis) y su amigo Michael Haney (Dean Martin). En la ventana, tenemos a Ann (Janet Leigh), esposa del primero.
Davis trabaja en su laboratorio y la tentación entra por la puerta en horas lectivas.
Michael, juerguista y trapacero, trabaja como guionista en una cadena de televisión.
David está aterrado ante las consecuencias que él supone acarreará la situación creada cuando le sorprendió su mujer besando a la incitadora estudiante.
El amigo Michael propone a David una delirante estratagema para salir bien librado.
Dispuesto a todo, David se deja convencer por su imaginativo compadre y comienza una delirante escenificación de "mentiras salvadoras".
Nuestro atribulado químico no las tiene todas consigo.
La bola de nieve ha comenzado a rodar para convencer a Ann de que  aquello que ella vio "no era lo que parecía".
Como una de las piezas de convicción, David exhibe ante la suspicaz mirada de su esposa un falso tatuaje en el talón de su pie.
Michael continúa improvisando mentiras ante Ann para salvar a su amigo.
¡Cuidado con lo que dices, no metas la pata!

SINOPSIS:
Un profesor de química es sorprendido por su esposa cuando circunstancialmente estaba siendo besado en su laboratorio por una atractiva jovencita. Viendo tambalear su matrimonio por este desliz, pide ayuda a un amigo guionista de televisión y éste le persuade de que ante su mujer finja que trabaja secreta­mente para el FBI y la escena que ella vio formaba parte de una delicada misión. El asunto se complica cuando por una concatenación de casualidades unos espías extranjeros se "tragan" este cuento.

El loco plan puesto en marcha los convierte ante los ojos de Ann en "agentes del FBI".
La atemorizada mirada de David en ese restaurante al que le ha llevado Michael está más que justificada ante lo que ve acercarse a ellos.
Esos dos monumentos que se dirigen a la mesa de nuestros hombres son las desinhibidas  hermanas Coogle, Gloria y Florence (Barbara Nichols y Joi Lansing)
Michael ha elegido a Florence para la velada mientras David no acaba de comprender  las dimensiones que va adquiriendo en su pendiente la bola de nieve.
La equívoca escena está siendo observada por Ann y Harry Powell (James Whitmore) un auténtico agente del FBI que está tomando cartas en el asunto.
Gloria y Florence hablando por teléfono mientras Ann las escucha sacando de lo que oye equivocadas conclusiones.
El lío está llegando a su cenit, pero todavía no. 
Ahora sí. David y Michael han sido secuestrados por dos espías rusos (Larry Storch y Simon Oakland) y llevados  a la sala de calderas del Empire State Building para ser interrogados con la ayuda de pentotal sódico.
Tras la conclusión de un lío monumental que trasciende a las portadas de la prensa, parece que las aguas vuelven a su cauce para el matrimonio Wilson.

COMENTARIO:
Ingeniosa, ágil y desopilante comedia de equívocos en la que el veterano George Sidney, elevándose por encima de su artesanal destreza (recordemos sus estimulantes cintas de aventuras como LOS TRES MOSQUETEROS y SCARAMOUCHE que se convertían casi en musicales merced a una rítmica puesta en escena), se mostró en esta ocasión especialmente inspirado, logrando sacar el máximo partido a un guión muy bien hilvanado y a unos actores, excelentes comediantes, que entendieron a la perfección el tono caricaturesco y disparatado de una historia que, no obstante, venía a decirnos de manera jocosa que cuando el azar y la mentira se alían puede formarse en esa pendiente una bola de nieve de incalculables dimensiones. A este respecto, deseo destacar la secuencia en el restaurante chino con la aparición de las despampanantes hermanas Coogle (Joi Lansing y la gran Barbara Nichols) en su cita con un atribulado David (Tony Curtis) y su liante amigo Michael (Dean Martin), seguidos por la esposa del primero (Janet Leigh) y todos ellos vigilados por agentes del FBI. Pero, sobre todo, permanece imborrable en mi memoria el delirante climax final en los sótanos del Empire State Building que -para quien esto escribe- es sin duda uno de los momentos estelares de la comedia americana, entonces en su esplendor.

Puesto que estamos hablando de comedia, reconozcamos que Sidney, aún contando en su fiilmografía con títulos de indudable interés (más arriba he mencionado dos pero podríamos agregar LAS LLAVES DE LA CIUDAD y PAL JOEY), quizás porque le faltaba sutileza y ese sofisticado touch que distingue a los grandes, nunca llegó a alcanzar las cotas de un Richard Quine o Blake Edwards ni mucho menos de Stanley Donen o Vincente Minnelli. Sin embargo, siendo justos, en su ¿QUIÉN ERA ESA CHICA? consiguió con extraordinaria habilidad en el manejo de los mecanismos y un eficaz sentido de la medida que nos olvidáramos de vanas exigencias y comparaciones que aquí, disfrutando de la película, estarían fuera de lugar. 

RÍO CONCHOS (Rio Conchos)

(USA) 20th Century-Fox, 1964. 107 min. Color. Panavision.

Pr: David Weisbart. G: Joseph Landon y Clair Huffaker, basado en la novela del segundo. Ft: Joe MacDonald. Mt: Joseph Silver. DA: Jack Martin Smith y William Creber. Ms: Jerry Goldsmith. Dr: Gordon Douglas.

Int: Richard Boone, Stuart Whitman, Anthony Franciosa, Edmond O’Brien, Jim Brown, Wende Wagner, Warner Anderson, Rodolfo Acosta, Barry Kelley, Timothy Carey, Kevin Hagen, Vito Scotti, House Peters Jr., Mickey Simpson.

El mayor James Lassiter (Richard Boone), amargado por el asesinato de su familia a manos de los apaches, calma su resentimiento masacrando indios.
Su soledad es interrumpida por miembros del ejército que le obligan a acompañarlos.
Este es el capitán Haven (Stuart Whitman) escuchando la propuesta de su superior.
El coronel Wagner (Warner Anderson), saltándose los protocolos castrenses encomienda a Lassiter y al capitán Haven una misión encubierta con aspectos inquietantes.
El mejicano Rodríguez (Anthony Franciosa) esperan su celda ser ajusticiado a la mañana siguiente).
Lassiter y Rodríguez intiman en esa celda y el primero piensa en él para formar parte del grupo que ha de llevar a cabo esa misión. La oferta le viene al pelo a Rodríguez.
El sargento negro Franklyn (Jim Brown) completa el extraño cuarteto que tratará de llevar a buen término un encargo cuajado de riesgos.
Haven tendrá que desprenderse de su uniforme para hacerse pasar por traficante de armas.
Aflora el resentimiento de Lassiter hacia los indios.

SINOPSIS:
Un antiguo oficial sudista, solitario y amargado desde que los apaches torturaran y asesinaran a su familia, vive entregado a una cruzada personal de exterminio de estos indios. Detenido por el ejército, le ofrecen la posibilidad de eludir la prisión si acepta colaborar en una peligrosa misión que consiste en adentrarse él y tres hombres en territorio de México siguiendo la pista de dos mil rifles robados. Acepta a regañadientes.

En un momento dado, tendrán que hacerse cargo de una muchacha india (Wende Wagner) a la que el vengativo Lassiter, en un primer momento, querrá matar.
A lo largo del recorrido, las tensiones en el grupo se mantienen.
Están a punto de cruzar el río para internarse en territorio mejicano.
El pragmático Rodríguez aprovechando un receso para pasar un buen rato.
Franklyn templa sus nervios y procura mantener la calma ante la ofensiva actitud de Lassiter. 
Haven calibrando las posibilidades de una situación sin aparente salida.
Entre disensiones y encerronas, las cosas acabarán poniéndose muy difíciles para nuestros hombres.
 A estas alturas, hemos comprendido que Rodríguez, pese a su forzada simpatía, no es trigo limpio.
 En el corazón de esa enrarecida aventura, el enajenado coronel sudista Theron Pardee (Edmond O'Brien) muestra su "imperio" a Haven.
 Ajeno a la realidad, Pardee contempla su obra sin concebir que se sostiene  sobre unos cimientos muy frágiles a punto de ser socavados.

COMENTARIO:
El hoy casi olvidado Gordon Douglas nunca fue muy valorado, tal vez porque como disciplinado artesano que abordó todos los géneros, en su filmografía abundan los encargos de anodina resolución. Pero aún quedamos algunos de la vieja guardia para intentar demostrar que esa consideración generalizada sobre el trabajo de Douglas resulta epidérmica y descuidada a la luz de algunas obras suyas.

Repasando su extensa filmografía que supera los setenta títulos, de la que yo sólo he podido ver una treintena, encuentro por lo menos una docena de películas realmente notables (SOLO EL VALIENTE, CORAZÓN DE HIELO, LA NOVIA DE ACERO, LA HUMANIDAD EN PELIGRO, SIEMPRE TÚ Y YO, EMBOSCADA, QUINCE BALAS, CHUKA, EL DETECTIVE); y la que ahora nos ocupa, RIO CONCHOS, es considerada por quien esto escribe, sin dudarlo, su mejor trabajo.

El film se abre con una lúgubre secuencia de violencia seca y expeditiva presidida por el viento y el polvo del desierto, seguida de otra que enlaza con la anterior y sobre la que van los títulos de crédito en la que los personajes van apareciendo como fantasmas silenciosos. Estamos ante un western de vigorosa factura, árido, sombrío, cargado de acción y de tensión, que aprovecha los elementos que le ofrecía un excelente guión de evidentes concomitancias con “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad (esto pude percibirlo años después, cuando leí la novela del polaco) para dibujar en toda su complejidad y riqueza unos personajes doloridos, violentos, contra­dictorios, románticos a su manera, tocados por la locura (ese iluminado coronel sudista que ignora la derrota del Sur en la Guerra de Secesión y pretende “reconstruir” el paraiso perdido en un anacrónico, fantasmagórico escenario), no exentos, en cualquier caso, de esa grandeza moral que emerge finalmente sobre la violencia y la deslealtad, únicamente hallable en las figuras que han venido adornando los grandes ejemplos del género.

Por lo expuesto, no resulta arriesgado apostar por Richard Brooks y Sam Peckinpah como seguros admiradores de RÍO CONCHOS cuando a continuación rodaron LOS PROFESIONALES (1966) y GRUPO SALVAJE (1968) respectivamente, trabajos claramente emparentables con el soberbio western de Gordon Douglas objeto de este comentario. Incluso, como apuntaba más arriba, ese coronel Theron Pardee  que incorpora Edmond O’Brien y el Kurtz de Marlon Brando en APOCALYPSE NOW resultan personajes correspondientes. Es probable que Coppola viera RÍO CONCHOS más de una vez antes de emprender la alucinada aventura conradiana. Como también es probable que el guionista Joseph Landon, ayudado por Clair Huffaker, se inspirara en el Ethan Edwards de CENTAUROS DEL DESIERTO para construir el personaje de Lassiter (Richard Boone) a partir de la insignificante novela de Huffaker (editada en España como novelita de bolsillo con una horripilante traducción al castellano).

En fin, podemos seguir saltando de rama en rama en el árbol genealógico de RÍO CONCHOS pero eso nos apartaría del tema, y el tema -apasionante- se llama RÍO CONCHOS, uno de los mejores westerns que he visto en mi vida, flagrante demostración de que, oscurecidos por la enorme sombra proyectada por maestros como Ford y Hawks, se encontraban en esa “segunda fila” realizadores capaces de parir hermosas criaturas, menos publicitadas pero que, investidas de los mismos méritos, podían codearse con los grandes títulos que configuraron el género más cinematográfico. Y el más hermoso. 

GRAN JUGADA EN LA COSTA AZUL (Mélodie en sous-sol)

(Fr-It) CCM / Cité Films / CIPRA / MGM, 1963. 118 min. BN. CinemasScope.

Pr: Jacques Bar y Jacques Juranville. G: Michel Audiard (diálogos), Albert Simonin y Henri Verneuil, basado en la novela de John Trinian (Zekial Marko). Ft: Louis Page. Mt: Françoise Bonnot. DA: Robert Clavel. Ms: Michel Magne. Dr: Henri Verneuil.

Int: Jean Gabin, Alain Delon, Viviane Romance, Carla Marlier, Maurice Biraud, Claude Cerval, Jean Carmet, José Luis de Vilallonga, Germaine Montero, Rita Cadillac, Henri Virlojeux, Dora Doll, Jimmy Davis, Henri Attal, Dominique Davray.

Ese tipo de la gabardina es Charles (Jean Gabin). Ha estado en prisión varios años y ahora regresa a su casa en un barrio periférico de Paris. El paisaje ha cambiado mucho.
Tras un frio reencuentro con su esposa Ginette (Viviane Romance), Charles, un hombre mayor que no se da por acabado, trae algo en su cabeza.

Mario (Henri Virlojeux), un antiguo delincuente amigo de Charles, le propone que lleve a cabo un golpe (él no puede por su mala salud) muy bien planeado en un casino de la Costa Azul.
Charles acepta ese último reto y se pone en contacto con Francis Verlot (Alain Delon), su antiguo compañero de celda en la cárcel para formar parte del equipo.
Francis recibe instrucciones y consejos de Charles. El chico apunta maneras.
Como chófer, Francis propone a su cuñado Louis (Maurice Biraud) que regenta un pequeño taller de reparación de coches.
Francis ya se ha trasladado a Cannes haciéndose pasar por  un joven adinerado.
Su plan incluye hacerse notar por las componentes del ballet del casino en el que se va a dar el golpe.
Francis, en su papel, apostando en el casino bajo la atenta y supervisora mirada de Charles.

SINOPSIS:
Un maduro delincuente recién salido de prisión tras un largo periodo de encierro, pretende llevar a cabo un último trabajo que le permita retirarse definitivamente. Se trata de atracar un casino en Cannes cuyos planos le ha proporcionado un antiguo compañero. Para la ejecución del golpe necesitará la ayuda de un joven de los bajos fondos al que conoció en la cárcel.

Francis ha conseguido entablar relación con Brigitte (Carla Marlier), una de las componentes del ballet.
Brigitte se ha enamorado de Francis pero éste solo la utiliza como medio para hacerse familiar entre los empleados del casino. 
Francis metido en faena. Aquí le vemos deslizándose por el hueco del ascensor.
Todo va saliendo según el plan.
Entre los encañonados se encuentra Monsieur Grimp (José Luis de Vilallonga), el jefe de personal.
Grimp conversando con la policía sobre los detalles del atraco.
Un tenso Francis, simulando tranquilidad, observa la escena de la policía interrogando a los empleados del casino. El motivo de la tensión reside en que la bolsa que contiene el dinero robado la lleva encima.
La escena está siendo observada por Charles desde la terraza de la piscina del casino.
Lo que contempla Charles tras sus gafas oscuras es una angustiosa situación que tendrá un desenlace inesperado.

COMENTARIO:
Hay realizadores eficaces pero mediocres que un buen día, tal vez tocados por la gracia (y ayudados por la concurrencia de otros factores), consiguen un trabajo inspirado y redondo. Por ejemplo, le ocurrió a J. Lee Thompson con EL CABO DEL TERROR (Cape Fear, 1961) y a Henri Verneuil con la que ahora nos ocupa, un polar francés diseñado sobre un milimétrico guión que sintetiza las situaciones reduciendo a lo esencial las líneas de diálogo.

Partiendo de esta premisa, el director apostó por una puesta en escena de precisión matemática en la que las miradas y movimientos de los actores dentro del plano marcan con adecuada gelidez las relaciones entre unos personajes que en razón de su trabajo no pueden permitirse las emociones o, sencillamente, están incapacitados para ellas. En el caso del viejo atracador interpretado por Jean Gabin, son los años pasados en prisión, la experiencia adquirida en décadas de ejercicio delictivo, su conocimiento de la condición humana, lo que le ha llevado a un escepticismo terminal (señalar al respecto, la profunda tristeza que destilan las concisas escenas de él con su mujer). Seres que se mueven en un mundo geométrico, desde el calculado movimiento de las bolas en una mesa de un billar de barrio (sintéticas escenas de presentación del personaje de Delon, primero en su casa con la madre y luego con Charles) a los planos detallados de un casino como “mapa del tesoro” en el que los protagonistas cifran sus expectativas de un ilusorio ajuste de cuentas con la vida.

El acierto de elegir la atmósfera otoñal de un Cannes fuera de temporada, las pinceladas y detalles descriptivos de ese ambiente (hotel, clientes, camareros, piscina, personal del casino, bailarinas) las potentes composiciones de Gabin y Delon con todo el bagaje de su presencia en el noir, la excelente música de Michel Magne y esos magníficos, soberbios, veinte minutos finales, son virtudes que añadir a lo ya expuesto sobre un film que más de medio siglo después no ha perdido un ápice de su interés y que no dudaría en situar entre los mejores títulos del género, a la altura -por qué no- de clásicos intocables. 

UN ESPÍA EN HOLLYWOOD (The Errand Boy) (USA) Paramount/Jerry Lewis, 1961. 92 min. BN. Pr: Ernest D. Glucksman y Arthur P. Schmidt. G: Jer...

Entradas más visitadas