ME ENAMORÉ DE UNA BRUJA (Bell, Book and Candle)

(USA) Columbia / Phoenix, 1958. 106 min. Color.

Pr: Julian Blaustein. G: Daniel Taradash, basado en la obra de John Van Druten. Ft: James Wong Howe. Mt: Charles Nelson. DA: Cary Odell. Vest: Jean Louis. Ms: George Duning. Dr: Richard Quine.

Int: James Stewart, Kim Novak, Jack Lemmon, Ernie Kovacs, Hermione Gingold, Elsa Lanchester, Janice Rule, Philippe Clay, Howard McNear, Bek Nelson.

Él todavía no lo sabe, pero el pobre Shep (James Stewart) está condenado a enamorarse de Gillian a golpe de conjuro.
Gillian (Kim Novak) no está segura de las ventajas de ser bruja cuando se está enamorada y utiliza su gato siamés Pyewacket, a veces como parapeto y otras como arma arrojadiza.
La bella, el gato y el embrujado.
Este es Nicky (Jack Lemmon) el hermano juguetón de Gillian.
El escritor Sidney Redlitch (Ernie Kovacs) ha sentido una inexplicable "necesidad" de desplazarse a Nueva York para conocer a Gillian.
Queenie (Elsa Lanchester) es la tía de Gillian y quien mejor conoce lo que siente su sobrina.
Bianca de Passe (Hermione Gingold), bruja inseparable amiga de la familia. 
La familia que conjura unida, permanece unida.
El momento de ingerir la pócima.
Ante la comprensiva mirada de su tía, Gillian se debate en su disyuntiva romántico-brujeril.

SINOPSIS:
Un calmoso editor con la vida perfectamente organizada, incluyendo una novia formal, engreída y algo estúpida, es víctima de los esotéricos conjuros de su bella vecina que además de estar enamorada de él, es bruja. Este peculiar y sutil acoso amoroso hará que la plácida existencia de nuestro hombre se vaya complicando gradualmente.

Gillian, su hermano Nicky y su tía Queenie forman una familia tan extraña como bien avenida.
Hermanos, sí, cómplices también. Pero Gillian ahora ha de frenar las locas ideas de Nicky.
Shep con su estirada novia Merle (Janice Rule) comete el error de llevarla al club nocturno donde Nicky trabaja como músico. 
...y este es el acústico tormento a que es sometida Merle.
Gillian contempla deleitada la escena.
Con las inesperadas incursiones de Pyewacket, el atribulado Shep sufre ataques de alergia, y a su mente cartesiana le cuesta asimilar la situación.
Un adorable (y temible) trío.
Nicky se divierte, Shep no sabe el terreno que pisa y el desubicado Sidney continúa flipando. 
Shep finalmente comprende que está enamorado de la escindida Gillian.
Gillian que en su condición de bruja carecía de la capacidad de llorar, ahora comprueba que una lágrima recorre su mejilla. El amor puro ha triunfado sobre lo esotérico.

COMENTARIO:
Desde los films de Josef Von Sternberg con la Dietrich, la fascinación que sobre un director puede ejercer su estrella, nunca había deparado resultados tan brillantes como en el caso de las películas que el sentimental Richard Quine hizo con Kim Novak. Por eso, en este romántico y embelesante cuento de hadas (perdón, de brujas) los espectadores somos los felices receptores del placentero resultado obtenido con esa química perfecta.

La puesta en escena de Quine está resuelta con una aterciopelalada elegancia cargada de sugerencias, de musicales movimientos de cámara y de ese charme burbujeante que volvería a crepitar de manera muy especial cuatro años más tarde en ENCUENTRO EN PARÍS (Paris when it Sizzles). A estas virtudes que con frecuencia han adornado las comedias de este realizador, hay que añadir en la que nos ocupa, ya lo apuntaba más arriba, la presencia de la magnética y felina Kim como llama inspiradora. No me olvido de que entre medias de estos dos títulos mencionados, está situada su obra más profunda e importante, UN EXTRAÑO EN MI VIDA (Strangers when we Meet) de la que nos ocuparemos en otra ocasión.

Nunca el objetivo de una cámara cinematográfica estuvo tan enamorado de una actriz como en ME ENAMORÉ DE UNA BRUJA (¡qué maravillosa fotografía en color!). En consecuencia, estamos ante una elegante, absolutamente deliciosa y divertida comedia que reune uno de los repartos más estimulantes con los que pudiéramos soñar. Un remunerador ejemplo de esa década prodigiosa, 1955-1965, que para quien esto escribe representó un cierto tipo de comedia americana que en aquellos momentos practicaban, en su mejor momento y con incontestable talento, Vincente Minnelli, Stanley Donen, Blake Edwards y por supuesto, Richard Quine.

UN DÍA EN NUEVA YORK (On the Town)

(USA) MGM, 1949. 98 min. Color.

Pr: Arthur Freed y Roger Edens. G: Betty Comden y Adolph Green, basado en el ballet "Fancy Free" de Jerome Robbins. Ft: Harold Rosson. Ms: Leonard Bernstein y Roger Edens. Cor: Gene Kelly. Mt: Ralph E. Winters. DA: Cedric Gibbons y Jack Martin Smith. Vest: Helen Rose. Ms: Leonard Bernstein. Can: Arthur Freed, Betty Comden, Adolph Green y Nacio Herb Brown. Dr:  Stanley Donen y Gene Kelly.

Int: Gene Kelly, Frank Sinatra, Betty Garrett, Vera-Ellen, Ann Miller, Jules Munshin, Florence Bates, Alice Pearce, George Meader, Hans Conried, Tom Dugan, Carol Haney, Murray Alper, William Phillips, Dick Wessel.

Chip (Frank Sinatra), Ozzie (Jules Munshin) y Gabey (Gene Kelly) acaban de bajar a tierra en el puerto de Nueva York con un permiso de veinticuatro horas y están dispuestos a "comerse" la ciudad.
En su alocado periplo bajan al Metro y reparan en un póster con la imagen de "Miss Andén" de ese mes, una atractiva jovencita que deja fascinado a Gabey.
Viajando en un vagón de Metro se oyen conversaciones muy sorprendentes.
Quiere el azar que Gabey se tope con Ivy Smith (Vera-Ellen), la joven del póster, pero tras un breve y atropellado encuentro se le escapa. 
Ya en la superficie, desde la calzada reciben la invitación de Brunilda Esterhazy (Betty Garrett), una insistente taxista que se ofrece a llevarles donde quieran.
Chip y Ozzie están dispuestos a ayudar a su amigo Gabey a localizar a esa monada que se le escapó en el Metro. En la búsqueda le ayudará Brunilda, tenaz en su afán de seducir a Chip.
Entra en escena Claire (Ann Miller), una vitalicia estudiante de paleontología que de inmediato queda impresionada por el notable parecido de Ozzie con la figura de un espécimen del paleolítico.
Ozzie bromeando a costa de su cavernícola ancestro.

SINOPSIS:
Tres alegres marineros desembarcan en el puerto de Nueva York con un permiso de tan solo de veinticuatro horas. Lógicamente intentarán aprovechar al máximo ese limitado tiempo. En su afán de divertirse, conocerán en diferentes circunstancias a tres chicas y con ellas vivirán intensamente su corto plazo de libertad.

Claire desata su vena salvaje marcándose un delirante baile que hace temblar las paredes del museo paleontológico.
Una vez recuperada Ivy, las tres parejas suben a la azotea del Empire State Building donde expresarán musicalmente su entusiasmo.
Allí mismo, Chip acaba rindiéndose a Brunilda y le canta una romántica canción. 
Una ensoñación de Gabey, en la que le vemos bailando con Ivy.
Otra fantasía musical: Ivy como atractiva deportista esperando el pistoletazo de salida.
Las veinticuatro horas de libertad han llegado a su fin. Al amanecer, los enamorados marineros se despiden de sus chicas antes de reintegrarse al barco.

COMENTARIO: Resulta difícil -diría incluso que inútil- teorizar, explicar, describir el cine musical pues de todos los géneros cinematográficos es el que entra con mayor placer e intensidad por los sentidos sin espacio intelectual para el análisis. De ahí, que sea el que más se resiste a cualquier propósito de acercamiento crítico. ¿Cómo diseccionar el ímpetu, la alegría de vivir, el entusiasmo que rezuman estas películas, sin desvirtuar, sin desintegrar, todo lo que de sensorial tienen? Cuando veo -por ejemplo- UN DÍA EN NUEVA YORK o CANTANDO BAJO LA LLUVIA me invaden unas ganas que apenas puedo contener de bailar por las aceras, saltar sobre los bancos, subirme a las farolas o al techo de un tranvía, luzca un sol radiante o caigan chuzos de punta. Da igual, su vitalidad es muy contagiosa.

El título que ahora nos ocupa fue el primero de los tres musicales dirigidos al alimón por Kelly y Donen (tan bien conjuntados ambos que para el caso podríamos considerarlos como un "director siamés") y también el primero en romper los corsés que hasta entonces habían constreñido al género (muchas escenas se rodaron en exteriores auténticos de Nueva York), oxigenándolo y dotándolo, al hilo de lo que decía en el párrafo anterior, de dinamismo y espontaneidad y consiguiendo una perfecta fluidez al integrar los bailes y canciones dentro del devenir argumental en un todo homogéneo, sin frenazos ni altibajos que pudieran entorpe­cer el apabullante ritmo mantenido a lo largo de toda la película. Cómo colocaban y movían la cámara estos dos genios (y Minnelli también en THE BAND WAGON) haciéndola participativa de los estados de ánimo, de las emociones de los personajes, es el secreto que los distingue de otros realizadores, más convencionales, acomodaticios o mediocres (George Sidney, Walter Lang, Charles Walters), que cultivaron el género.

Se ha hablado siempre de los veinticinco años de Orson Welles cuando llegó a Hollywood para rodar CIUDADANO KANE; sin embargo, pocos han tenido en cuenta que Stanley Donen aún no los había cumplido cuando se inició el rodaje del film que ahora nos ocupa. Para terminar, estamos ante el que hoy consideramos un gozoso clásico de una capital importancia en la historia del musical (y del cine en general) al que, merced a ese milagro llamado Kelly-Donen, seguirían CANTANDO BAJO LA LLUVIA y SIEMPRE HACE BUEN TIEMPO (ésta resultaría casi una secuela de UN DÍA EN NUEVA YORK pero en clave desencantada y que de alguna manera ya prefiguraba BÉSALAS POR MÍ, comedia ácida que afrontaría Donen en solitario dos años después). 

 EL SILENCIO DE UN HOMBRE (Le samouraï)

(Fr-It) CICC / Filmel / Films Borderie / Fida, 1967. 105 min. Color.

Pr: Eugène Lépicier y Raymond Borderie. G: Jean-Pierre Melville, basado en la novela "The Ronin" de Joan McLeod. Ft: Henri Decae. Mt: Monique Bonnot y Yolande Maurette. DA: François de Lamothe y Théo Meurisse. Ms: François de Roubaix. Dr: Jean-Pierre Melville.

Int: Alain Delon, Nathalie Delon, François Perier, Cathy Rosier, Jacques Leroy, Jean-Pierre Posier, Catherine Jourdan, Michel Boisrond, Robert Favart.

Este es Jef Costello (Alain Delon), un íngrimo y enigmático asesino a sueldo.
Nuestro hombre ya tiene un nuevo encargo.
Ahora, en el andén del Metro.
En su lóbrego domicilio hay una pistola esperándole.
El que sostiene la pistola que le apunta a la cabeza es un tipo desconocido (Jaques Leroy).
Convocado a una rueda de reconocimiento.
Pese a la fría y limpia ejecución de su "encargo", el olfato del comisario de policía (François Périer) le lleva a sospechar de Costello,
El comisario insiste en sus investigaciones. Aquí le vemos interrogando a Jane Lagrange (Nathalie Delon) amante y encubridora de Costello.
Un gélido encuentro sin posibilidades de auténtica comunicación. 

SINOPSIS:
Jeff Costello, un asesino a sueldo, lacónico y solitario, ha recibido el encargo de matar al dueño de un night-club. Lleva a cabo su trabajo con limpieza y frialdad, pero es visto en el lugar por la muchacha que toca el piano en el local. Ella no le delata a la policía y él queda intrigado, por lo que intentará volver a verla.

Una pasarela, dos hombres en sentido contrario se acercan el uno al otro.
Un rostro impertérrito, impenetrable.
Un pájaro enjaulado, única compañía de Jef en su desangelado domicilio.
La pianista del club nocturno (Cathy Rosier) ha sido una testigo que miente a la policía en beneficio de Costello sin aparente motivación.
Costello en su coche al resguardo de una lluvia nocturna.
Un oscuro y silencioso ángel en soledad.
Jane Lagrange, un personaje crucial.
El insistente comisario presiona a Jane.
Jef Costello, acosado y herido.

COMENTARIO:
Melville conseguía con EL SILENCIO DE UN HOMBRE su mejor película tras un proceso de perfilamiento y maduración de su estilo narrativo que a partir de aquí llegó a adquirir tal vez más importancia que la propia naturaleza de las historias contadas. Este film describe la trayectoria ritual de un hombre incapacitado para los sentimientos, enfermizamente solitario, sumido en el silencio, que se mueve con la determinación de un zombi en un mundo irreal e intemporal (hay un buscado anacronismo en la vestimenta de los personajes y la acción avanza en un París nocturno, misterioso y gélido) hasta completar un litúrgico viaje de héroe trágico.

Estamos ante un film de gangsters que contiene muchos de los ingredientes propios de este género, sí, pero la elegancia formal, la atmósfera creada, el tratamiento del color (que casi llega a desaparecer en la película), la concepción del ritmo y la planificación que a veces nos acerca a un ballet fantasmagórico, hacen de EL SILENCIO DE UN HOMBRE una gema extraña, hipnótica, escalofriante. Y entre las virtudes de la película hay que destacar, impresionados, el memorable trabajo de composición llevado a cabo por Alain Delon.

UN ESPÍA EN HOLLYWOOD (The Errand Boy) (USA) Paramount/Jerry Lewis, 1961. 92 min. BN. Pr: Ernest D. Glucksman y Arthur P. Schmidt. G: Jer...

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