EL REY Y YO (King and I)

(USA) T. Century-Fox, 1956. 133 min. Color. CinemaScope 55 mm.

Pr Ej: Darryl F. Zanuck (sin acreditar). Pr: Charles Brackett. G: Ernest Lehman, basado en la novela de Margaret Landon. Ft: Leon Shamroy. Mt: Robert Simpson. DA: Lyle R. Wheeler y John DeCuir. Vest: Irene Sharaff. Ms: Richard Rogers. Can: Oscar Hammerstein II. Dr Ms: Alfred Newman. Cor: Jerome Robbins. Dr: Walter Lang.

Int: Deborah Kerr, Yul Brynner, Rita Moreno, Martin Benson, Carlos Rivas, Terry Saunders, Rex Thompson, Alan Mowbray, Patrick Adiarte, Geoffrey Toone.










SINOPSIS:
En 1862, llega a Siam una institutriz inglesa contratada por el rey de ese país para que eduque e instruya a su numerosa prole en la cultura occidental. Un deseo de “modernidad” que no se corresponde con las feudales costumbres del monarca. Entre la institutriz y el rey se establecerá un problemático acercamiento.









Aquí podemos contemplar al rey Mongkut de Siam (Yul Brynner) posando para la posteridad con adusto semblante.

COMENTARIO:
Siguiendo la tradición de Hollywood, uno de los musicales más exitosos en la historia de Broadway naturalmente tenía que ser llevado a la pantalla. El traslado se efectuó con esmero, lujo y todo el encanto de esta inspirada obra de Rogers & Hammerstein que venía a ser la versión musicalizada de ANA Y EL REY DE SIAM, película dirigida por John Cromwell en 1946, protagonizada por Irene Dunne y Rex Harrison. No obstante, en opinión de quien esto esribe, Walter Lang nunca fué un maestro en este género (ni en ningún otro), aunque lo frecuentara con asiduidad. Sin embargo, en esta ocasión estuvo rodeado y arropado por verdaderos talentos que, sumados, consiguieron crear un producto con las suficientes virtudes para hacerse inolvidable. Una de ellas, sin duda, la insospechada buena química establecida entre Yul Brynner y una espléndida Deborah Kerr (sin embargo, la primera elección para este papel fue Maureen O’Hara).

Brynner, ungido con su magnético exotismo, que llegaba a esta película tras representar durante años el personaje del rey de Siam en las tablas (primero junto a la mítica Gertrude Lawrence y tras el fallecimiento de ésta, con Constance Carpenter), consiguió una memorable compo­sición a la que confirió un matizado y oportuno toque de caricatura. La imborrable composición del faraón Ramsés II en LOS DIEZ MANDAMIENTOS seguida de su trabajo en EL REY Y YO -por el que ganaría el Oscar al mejor actor de ese año- le convirtieron en una de las estrellas más carismáticas de la segunda mitad de aquellos años cincuenta.

Nota: Tanto Deborah Kerr como Rita Moreno fue­ron dobladas en las canciones por las voces de Marni Nixon y Leona Gordon, respectivamente.

8 comentarios:

  1. Por lo que he leído, Ingrid Bergman y Deborah Kerr confesaron en su día que cuando rodaban planos con Yul Brynner se quedaban en blanco y olvidaban sus diálogos, como hipnotizadas por su mirada. A mí "El rey y yo" me encanta y la historia que nos cuenta, aunque no se corresponda con la realidad, es preciosa. Es en todo caso un fastuoso musical, de la época en que Hollywood sabía filmar musicales. Creo que no es necesario mencionar, pero lo hago, que fue el papel de su vida para Yul Brynner.
    Saludos.

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    1. No sé si aquellas confesiones de Ingrid y Deborah eran enteramente ciertas o formaban parte de la promoción de ANASTASIA y EL REY Y YO. Pero me inclino a pensar que tenían mucho de verdad. El arma interpretativa favorita de Brynner en aquella época era su penetrante y magnética mirada, de la que abusaba porque sabía que arrasaba entre las espectadoras de aquellos años, un gancho que le duró hasta mediados los años sesenta en que su carrera comenzó a declinar.
      Un saludo.

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  2. Brillante adaptación del musical de Broadway.

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    1. Pues sí, esa brillantez ahí está, colorista y en apabullante CinemaScope.

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  3. Un musical clásico donde los haya; me refiero a aquellos de Broadway que luego eran objeto de versiones cinematográficas. Este que se comenta ahora en el blog fue de los más atractivos en virtud mayormente de su pareja protagonista y de unas canciones ya imperecederas.
    Estoy de acuerdo con Teo en esa opinión de que Walter Lang fue un director más bien rutinario. En efecto, lo era incluso en sus musicales de más brillante presentación (“Luces de candilejas”, “Can-Can”). Pero recuerdo con agrado una comedia suya, en realidad de comedia tenía menos que de drama romántico, que descubrí por televisión hace ya unos cuantos años. Me refiero a “No soy para ti” (But Not for Me, 1959) con un maduro Clark Gable teniendo que bregar con un desigual romance con Carroll Baker. Allí estaban también Lilli Palmer y Lee J. Cobb para aportar interés.
    Saludos.

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    1. Ese título de Walter Lang que rememoras no me pareció gran cosa. Una comedia de sólida factura, sí, pero carente de timing, con lo que en gran medida se malograron las posibilidades de un argumento que ya había sido llevado a la pantalla en 1935 por Wesley Ruggles (ACCENT ON YOUTH) y en 1950 por Richard Haydn (Mr. Music). Al fatigado Gable, ya en la recta final de su carrera, le obligaron en aquella ocasión a renunciar a la joven Carroll Baker en favor de Lilli Palmer, pero aún tendría que pechar, en sus dos últimas películas, con Sophia Loren y Marilyn Monroe.
      Un saludo.

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  4. Es curioso, vi hace años “Ana y el rey de Siam”, la de John Cromwell, que me gustó bastante, y con apenas un mes de diferencia, el remake, “Ana y el rey”, de Andy Tennant, que dicho con palabras claras me pareció un auténtico truño. Sin embargo, no conocía su versión musical, “EL rey y yo”, hasta que el año pasado me compré el blu-ray. En en efecto, reconozco que Walter Lang no es precisamente Vincente Minnelli, pero la película tiene mucho encanto (¡Brynner y Kerr!) y su parte musical, sus canciones, se me pegan con seductora eufonía. En suma, no tengo edad suficiente para sentir eso que llaman nostalgia pero amo este tipo de películas pertenecientes a una época en que tal vez por inocencia se disfrutaba más de las cosas.
    Un saludo.

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  5. Por esas palabras tuyas, resulta diáfana tu predilección por lo que consideramos "cine clásico". Lo entiendo y lo comparto porque yo, por edad e inclinación, sí soy nostálgico. Es cierto que Walter Lang, sin salirse de las normas establecidas para las adaptaciones cinematográficas de los musicales procedentes de Broadway, consiguió en esta ocasión -con mucha ayuda, incluyendo la del propio Yul Brynner- concatenar los elementos necesarios para la consecución de un film redondo en sus resultados.
    Un saludo.

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