EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR (The Ghost and Mrs. Muir)

(USA) 20th Century-Fox, 1947. 104 min. BN.

Pr: Fred Kohlmar. G: Philip Dunne, basado en la novela de R.A. Dick (Josephine A.C. Leslie). Ft: Charles Lang. Mt: Dorothy Spencer. DA: Richard Day y George W. Davis. Vest: Eleanor Bem y Oleg Cassini (para Gene Tierney). Ms: Bernard Herrmann. Dr: Joseph L. Mankiewicz.

Int: Gene Tierney, Rex Harrison, George Sanders, Edna Best, Vanessa Brown, Natalie Wood, Robert Coote, Anna Lee, Isobel Elsom, Victoria Horne.

Gene Tierney, una de las mujeres más bellas y fascinantes que ha dado el cine, encarnando a la Sra. Muir.

Tenemos a las cuñadas, Eva (Victoria Horne) y Angelica (Isobel Elsom), de la recién enviudada Lucy Muir intentando coartar sus deseos de cambiar de paisaje.

Tras la puerta de la cocina sorprendemos a la pequeña hija de Lucy, Anna (Natalie Wood) y la fiel doncella Martha (Edna Best) escuchando la conversación.
El viejo pescador Mr. Scroggins (David Thursby) obsequiando a la pequeña Anna con su nombre grabado en una tabla clavada en la arena de la playa.

Las oraciones antes de acostarse.

Bonito vestido, Sra. Muir.

No nos resistimos a mostrar un primer plano (y los que hagan falta) de Gene Tierney.

Pese a las advertencias del asustadizo Mr. Coombe (de espaldas, Robert Coote), nuestra intrépida Lucy ya está decidida a instalarse en esa casa con fantasma.

Inevitablemente, pronto le saldrá un pretendiente, Miles Fairley (George Sandres).

En esta pose protocolaria, ella parece dejarse querer.

SINOPSIS:
En la Inglaterra de 1900, Lucy Muir, una atractiva viuda decide abandonar su residencia londinense para ir a vivir a la costa donde alquila una casa habitada por el fantasma del antiguo propietario, un capitán de barco muerto en extrañas circunstancias que tras algunas intentonas para amedrentar a la nueva inquilina con los mismos trucos que le sirvieron para librarse de otros inquilinos, con Lucy no funcionan. El espectral “casero” terminará enamorándose de ella.

Por fin se deja "ver" el fantasmal capitán Daniel Gregg (Rex Harrison).
Sorprendida ante esa presencia? Francamente, creemos que no, pero ante un fantasma hay que guardar las apariencias.

Ya parece haber confianza. Ahí los vemos viajando en tren. 

Con la convivencia surgen algunos roces y la inevitable disparidad de criterios.

...nada que no pueda arreglar una seductora sonrisa.

El ser inmaterial capitán Gregg vigila y protege a esa mujer de la que se está enamorando.

Ella duerme, tal vez sueña con él. Pero el fantasma de Gregg, contemplándola, cree que ha llegado la hora de la despedida.

Cuando Lucy despierte no recordará nada que se refiera a ese fantasma enamorado.

Han pasado los años y Lucy duerme su último sueño...

COMENTARIO:
Fue en el tramo inicial de su carrera como director, en su etapa con la Fox, cuando Mankiewicz atendió el encargo de filmar este subyugante cuento romántico desarrollado a partir de una premisa “fantástica” que los espectadores aceptamos gustosamente por pura necesidad escapista. En muchas ocasiones, los fantasmas (mejor aún si están enamorados) han proporcionado al cine buenos mimbres para historias que han llegado a constituir casi un subgénero con resultados tan felices como -sólo son tres ejemplos- LA MUERTE EN VACACIONES de Mitchell Leisen, EL FANTASMA DE CANTERVILLE de Jules Dassin y EL DIABLO DIJO NO (Heaven Can Wait) de Ernst Lubitsch. Por ahora, me niego a descender hasta el popular GHOST de  Jerry Zucker.

EL FANTASMA Y LA SRA. MUIR es el cuarto largometraje que dirigía Mankiewicz y su puesta en escena ya exhibe una elegante maestría y una dosis de sensibilidad que llega a emocionar. El film, que nos habla del paso del tiempo y el objeto inalcanzable, del respeto entre diferentes, de la soledad y del amor, alcanza sus más altas cotas en algunos momentos de su segunda parte. Raudas acuden a la memoria escenas como esa que nos muestra la despedida del fantasma mientras duerme su amada, o la bellísima última secuencia.

Para la historia han quedado una hermosa partitura de Bernard Herrmann y la inolvidable pareja protagonista formada por un sutil y refinado Rex Harrison, actor que Mankiewicz utilizaba siempre que podía, y la embelesante Gene Tierney (¡cómo evitar enamorarse, aún siendo incorpóreo, de esa dulce, solitaria y a la vez determinada viudita!). 

SANSÓN Y DALILA (Samson and Delilah)

(USA) Paramount, 1949. 128 min. Color.

G: Jesse Lasky Jr. y Fredric M. Frank, inspirado en la novela de Vladimir Jabotinsky y diversas fuentes. Ft: George Barnes. Mt: Anne Bauchens. DA: Hans Dreier y Walter Tyler. Vest: Edith Head y Dorothy Jeakins. Ms: Victor Young. Pr y Dr: Cecil B. DeMille.

Int: Hedy Lamarr, Victor Mature, George Sanders, Angela Lansbury, Henry Wilcoxon, Olive Deering, Russ Tamblyn, Fay Holden, Julia Faye, William Farnum, Moroni Olsen, Mike Mazurki, George Reeves, Lane Chandler, John Miljan.

Para empezar, una pose promocional de las dos estrellas de la película; Hedy Lamarr y Victor Mature.
Un pletórico Sansón, en principio enamorado de la filistea Semadar (Angela Lansbury) cuyo "amor" ha sido ganado en un concurso de fuerza.
Resulta que nuestra Semadar en realidad ama a otro hombre.
Semadar junto al hombre por el que ha traicionado al forzudo Sansón: el general Atur (Henry Wilcoxon).
Entra en escena la sensual Dalila.
Pronto el ingenuo Sansón cae en sus lúbricas redes.
La chica parece realmente enamorada de nuestro hombre fuerte.
Sansón y Dalila en pleno cortejo erotizante.

SINOPSIS: En el tiempo de los Jueces de la Biblia, el fuerte y melenudo Sansón, israelita, rechaza las continuas insinuaciones amorosas de la voluptuosa filistea Dalila y ésta, despechada, acabará entregándole a sus enemigos los filisteos, tras cortarle su larga cabellera mientras duerme, origen de su prodigiosa fuerza. 

Una pasión amorosa muy comprensible.
Miriam (Olive Deering) y el pequeño Saúl (Russ Tamblyn). Los dos parecen preocupados por la deriva del romance de Sansón con la filistea Dalila.
Dalila junto a Atur y el rey de Gaza (George Sanders).
Enterada con malas artes de dónde reside la enorme fuerza de Sansón, la despechada Dalila pasa a la acción. 
Sansón ya sin la fuerza que le otorgaba su cabellera, es apresado por los filisteos.
Sansón ha sido torturado y dejado ciego. Ahora Dalila se arrepiente de haberle vendido a sus enemigos.
Un último "esfuerzo" con la ayuda de Jehová.
Sus últimas palabras: "Muera Sansón con todos los filisteos". O algo así.

COMENTARIO: Sería fácil para algunos caer en la tentación de acusar a esta película de un cierto primitivismo en su concepción de la puesta en escena y dirección de actores. Bueno, pues hay que verla con un poquito más de cariño y atención. Porque, ¿acaso no resulta divertida e incluso excitante la colorista e impagable forma en que Cecil B. DeMille amañaba la Biblia, adaptándola con todas sus incoherencias, delirante fantasía y “dirigismo divino” a las necesidades de un buen espectáculo cinematográfico? Disfru­temos, pues, con ello y con un Sansón-Victor Mature más meat loaf que nunca, esquivando, amando y odiando a una mórbida Dalila-Hedy Lamarr (qué peligrosa puede resultar una mujer despechada). Y todo ello entre toneladas de cartón-piedra y seda sintética. Pero es que además tenemos a George Sanders y Angela Lansbury animando la función. No puedo remediarlo: me encanta esta película.

GLADIATOR

(USA-GB) Universal / Dreamworks / Scott Free, 1999-2000. 155 min. Color. Panavision.

Pr: Douglas Wick, Branko Lustig y David Franzoni. G: David Franzoni, John Logan y William Nicholson. Ft: John Mathieson. Mt: Pietro Scalla. DP: Arthur Max. Vest: Janty Yates. Ms: Hans Zimmer y Lisa Gerrard. Dr: Ridley Scott.

Int: Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Connie Nielsen, Oliver Reed, Richard Harris, Derek Jacobi, Djimon Hounsou, David Schofield, John Shrapnel, David Hemmings, Giannina Faccio, Tomas Arana, Ralf Moeller, Tommy Flanagan, Spencer Treat Clark, Sven-Ole Thorsen, Giorgio Cantarini, Tony Curran.

El protagonista de esta dramática historia, Maximus (Russell Crowe), alto militar a las órdenes de Marco Aurelio.

He aquí la familia de Maximus: su esposa (Giannina Facio, esposa en la vida real de Ridley Scott)) y su hijo (Giorgio Cantarini) que esperan su regreso de la guerra, pero que ignoran el aciago destino que les espera.

Maximus se cerciora de que los hombres a su mando están preparados para entrar en combate en los brumosos bosques de Germania.

Dentro y fuera del campo de batalla, Marco Aurelio (Richard Harris) confía en su general Maximus al que ama y respeta como a un hijo.

Cómodo (Joaquin Phoenix), hijo de Marco Aurelio, enfermo de celos y ambición, tiene en mente una idea terrible que llevará a cabo de manera implacable: asesinar a su padre.

A la muerte de Marco Aurelio, su hija Lucila (Connie Nielsen) se encuentra atrapada en una difícil situación que la obliga a un concubinato con su incestuoso hermano Cómodo.

Para complicar más las cosas, Lucila ama en silencio al noble Maximus.

Cómodo ya es emperador y su crueldad no conoce límites. Ahora tiene a Maximus donde quería. Le odia, le envidia y le teme a partes iguales.

Maximus teme lo peor y no logra llegar a tiempo de salvar a su familia, salvajemente asesinada.

SINOPSIS:
En el año 180 D.C. la campaña contra los bárbaros ha terminado. Y ahora, tras casi tres años de feroces combates con las tribus germánicas, el general romano Maximus únicamente desea volver a su hogar y reunirse con su esposa e hijo. Pero el emperador Marco Aurelio, envejecido y enfermo, ha pensado para él un futuro diferente: desea otorgarle poder absoluto para garantizar la transición de Roma a la República, devolviendo el poder al Senado. Pero Cómodo, el cruel y ambicioso hijo del emperador, no consentirá tal cosa.

El mercader Proximus (Oliver Reed, muerto durante el rodaje) se fijará en las posibilidades como gladiador del infortunado Maximus, capturado y vendido como esclavo.

Maximus ha de apechugar con su desesperante situación, eso sí, sin abandonar la idea de encontrar el momento de la venganza. 

Un desafiante y enfurecido Maximus pidiendo guerra.

Los eventuales vencedores de ese brutal espectáculo, saludando (o jurándosela a alguien).

Roto de dolor por el asesinato de su familia a manos de sicarios de Cómodo, vemos a Maximus cargando con todo el equipo.

Y aquí le tenemos en la arena del circo dando el espectáculo que se espera de él.

Otro tenso momento en que le vemos enfrentándose a sus rivales, respaldado por su compañero Juba (Djimon Hounsou). 

Cómodo pasándolo bien desde su palco mientras decide qué hacer con su pulgar.

Pero la cosa no podía terminar bien para nadie. Unos reciben su merecido y otros lo pagan caro.

COMENTARIO:
El que suscribe, fue un bebé que nació enamorado del cine. Ahora, ya con canas y unas treinta mil películas vistas, aquel niño cinéfilo confiesa su incapacidad para adaptar su sensibilidad –forjada en la gramática de los clásicos– a ese fragmentador, tramposo y apabullante cuando no irritante “estilo” narrativo en el que han caído la mayoría de los realizadores-esbirros que forman parte integrante de la gigantesca máquina de churros que es el Hollywood actual. El que suscribe, quiere referirse a ese concepto “moderno” de puesta en escena (por así llamarla) que basa su efectismo en una indiscrimi­nada, incoherente, masiva proliferación de primeros y primerísimos planos sin venir a cuento (con lo que se destruye el valor dramático del close-up), alternados con breves planos medios o generales, a su vez interrumpidos por insertos de duración casi subliminal y todo ello con la única y muy calculada función (en esto, el ensordecedor colaboracionismo del Dolby Atmos y otros sistemas de sonido son esenciales) de sorprender e impactar al espectador impidiéndole percibir en su verdadera dimensión las acciones de los personajes, el contexto en que son ejecutadas y la repercusión que tienen en su entorno. Da lo mismo que se trate de un thriller con psicópata, una come­dia para adolescentes o, como es el caso que nos ocupa, una -en su momento- inesperada y millonaria exhumación del género peplum o más popularmente conocido como “cine de romanos”.

Del devaluado autor de LOS DUELISTAS, ALIEN y BLADE RUNNER aún cabía esperar algo más que un chasqueante (incluso en su infográfica espectacularidad) tebeo con esquema de spaghetti-western. Pero, en fin, para  mejor razonar este ataque frontal a GLADIATOR, ahí van cuatro contundentes argumentos que decoloran la cinta de Ridley Scott hasta hacerla desaparecer: el primero es la impresionante secuencia de la carrera de cuadrigas de BEN-HUR, diseñada y ejecutada por los heroicos Andrew Marton y Yakima Cannut, once electrizantes minutos de espectáculo sin parangón en la Historia del cine; el segundo es ESPARTACO (comparemos la filmación de las escenas en la escuela de gladiadores y las batallas del film de Kubrick con sus homólogas en el que ahora nos ocupa); el tercero es BARRABÁS que, entre otras muchas virtudes, contiene las más espeluznantes y realistas escenas en la arena del circo que uno recuerde, filmadas con gran sabiduría por Richard Fleischer, uno de los maestros de la fisicidad; y el cuarto es LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO de la que GLADIATOR retoma con impávido descaro los cuatro personajes principales de la película de Anthony Mann y buena parte de su esqueleto argumental para un indigno refrito que sólo saborearán quienes por extrema juventud o tal vez por pereza desconozcan tan ilustres (e ilustradores) precedentes de los que pocas enseñanzas parecen haber sacado los responsables de este tan pretencioso como decepcionante producto. 

EL PISTOLERO DE CHEYENNE (Heller in Pink Tights) (USA) Paramount, 1959. 100 min. Color. Pr: Carlo Ponti y Marcello Girosi. G: Dudley Nich...

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